viernes, 12 de febrero de 2010

FLOJERA

La Tribuna de Talavera, 12 febrero 2010

Vamos a imaginar, que sale barato. Imagine que un mandado cualquiera del ministerio de Medio Ambiente les dice a los regantes del trasvase Tajo-Segura que, para la próxima temporada, en vez agua limpia y cristalina recién salida del Parque Natural del Alto Tajo, tendrán que regar con aguas residuales, todavía calentitas de los albañales de Madrid. ¿Cree usted que los políticos de toda condición y colocación no pondrían allí el grito en el cielo y montarían un pifostio de tres pares de cojones, y por los mismos al final se regaría con agua limpia, que qué es eso de regar con mierda los tomates y las lechugas que se comen en media Europa?

Imagine que un mandado cualquiera, el mismo de antes u otro cualquiera, va y dice que este año se acabó, que se cierran todos los pozos de ilegales, alegales o como coño se quieran llamar, que absorben sin piedad el acuífero de la Mancha occidental en Ciudad Real, el mismo de las Tablas de Daimiel. ¿Cuánto tiempo dice usted que tardaría el consejero de Agricultura de la Junta de Castilla-La Mancha en salir echando pestes por la boca, y el propio presidente Barreda, que qué es eso de tan poco tacto, que las cosas no se hacen así y esa verborrea al uso. Incluso el Partido Popular, todos a una, aunque cambien de opinión tres días más tarde, saldrían a defender a los pobres y masacrados regantes manchegos. Y, al final, los pozos abiertos, en el sindiós que es la Mancha, por los siglos de los siglos. Imagine que un cabo furrier del Ministerio de Medio Ambiente les dice a los regantes de Talavera de la Reina y su comarca, que este año no, que Madrid sigue con barra libre en el Alberche, aunque le sobre agua, que es para no cabrear a la Aguirre y esas cosas del juego político/avispero Madrid/Valencia/Murcia. Que este año toca el estercolero del Tajo, si hay, que ya veremos; y que el Alberche mejor almacenado en Valmayor, o en San Juan, para las barquitas y esas historias ¿Y qué hacen los políticos de nuestra bendita Talavera de la Reina y comarca, y de la Junta y del PP regional? ¿Lo mismo que los murcianos defendiendo lo suyo? ¿Lo mismo que los manchegos defendiendo lo suyo? Efectivamente, querido lector, has acertado: se cagan patas abajo, a mandar, que la cosa viene muy mal y que no se sabe si habrá sitio para colocarnos las próximas elecciones a todos. Y si no hay para regar, no se riega; y si el agua que baja por el Alberche para beber es el de las aguas fecales de las urbanizaciones, pues nada, a mandar, que para eso estamos. Imagine la diferencia con un manchego, un murciano, un regante de la huerta valenciana, de la vega del Ebro. Extrapole la flojera congénita a los asuntos varios que hunden año tras año a nuestra ciudad. Y quizá entienda un poco por qué estamos como estamos.

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martes, 9 de febrero de 2010

BARRAGEM DE ALMOUROL


Imaginemos por un momento que alguien coge un martillo o un pico y empieza a romper un esquinazo de una catedral, por ejemplo la de Colonia, la de Milán, o la de Burgos. Es posible que después de unos segundos de incredulidad cualquier viandante o turista le echara mano, o llamase a la policía; o al psiquiátrico. Es muy probable que este individuo que la emprende contra el elemento arquitectónico/cultural/histórico acabe detenido, y bajo supervisión médica. Puede que argumente que necesitaba las piedras para construirse su casa, incluso que insista en que el material era ecológico, sostenible según la filosofía a la moda.
Lo de arriba es tan impensable como que alguien entre en cualquier pinacoteca y la emprenda a navajazos con un lienzo de Velázquez, Murillo o Van Gogh. Es más, los cuadros de gran valor están protegidos contra el ataque de vándalos y desaprensivos. Pero, ¿qué pasa con un río? ¿Un río es agua o paisaje? ¿Es Historia o recurso? ¿Es arte o cantera? ¿O negocio? ¿Es un elemento ambiental/cultural/histórico?
La intención del Estado portugués de ejecutar lo que denomina Programa Nacional de Barragens com Elevado Potencial Hidroeléctrico (PNBEPH), viene a dar la puntilla a buena parte de los ríos ibéricos. Portugal acomete con saña lo que ya hizo España a finales de los años 60 y mediados de los años 70, cortocircuitando los tramos de ríos supervivientes a los proyectos de los años 40 y 50, heredados en buena parte de la II República y más allá. Portugal, con 30 años de un retraso que lo hace aún más anacrónico, proyecta levantar grandes embalses en buena parte de sus ríos del sector centro y norte, embalses que serán en buena medida construidos por empresas españolas, y explotados por hidroeléctricas también de este lado de la frontera.

Alqueva constituyó un hito en la destrucción de un río europeo, en este caso el tramo inferior del Guadiana. Recuerdo cuando visité el vaso del embalse, antes de su llenado, cuando las motosierras acababan con decenas de miles de hectáreas de dehesa. En los inmensos cementerios de árboles que se extendían junto a las carreteras, millones de troncos centenarios de alcornoques y encinas mostraban el calibre y la dimensión de la destrucción.

Ahora, visto el éxito de Alqueva, el Estado portugués ha estudiado 25 emplazamientos para nuevas presas, de los que finalmente han sido escogidos en una primera fase 10; de ellos seis son en la cuenca hidrográfica del Duero (Foz Tua, Pedroselos, Vidago, Daivões, Fridão y Grouvães) uno en la del Vouga (Pinhosão, otro en la del Montego (Girabolhos) y dos en la del Tajo (Alvito, en el Ocreza, afluente de la margen derecha; y Almourol, en el propio Tajo).

Mucho hay que de decir de todos estos embalses, pero hoy toca el de Almourol.
Primero los datos: se trata de una presa de nueva construcción, levantada 2,7 kilómetros aguas abajo de la confluencia dcon el Zêzere, el afluente más importante del Tajo en Portugal, dentro de los concejos de Vila Nova da Barquinha y Chamusca. La presa tendrá una altura de 24 metros, y una longitud de coronamiento de 320 metros. La capacidad de almacenamiento es de 20 hectómetros cúbicos, muy reducida, pero la longitud de río que detendrá aguas arriba de la presa será de 36 kilómetros, anegando 1.340 hectáreas. El negocio está –además de construir la presa y los sistema de defensa de las riberas–, en producir energía hidroeléctrica con el agua que pasa por la presa, que el Estado portugués cifra en 11.300 hectómetros cúbicos al año, que en los 78 MW instalados serían capaces de producir 209 GWh al año.

España destruyó el Tajo entre los años 60 y 70 del pasado siglo, con la construcción de enormes embalses que acabaron con la fisonomía del río. Primero fue, a mediados dé la década de los años 50, Entrepeñas en el alto Tajo alcarreño, con una capacidad de embalse de 835 hm3. Después, en el tramo medio, Castrejón (41 hm3). Pero el daño profundo al río vino con el rosario de presas construidas para el aprovechamiento hidroeléctrico en Extremadura. En total cinco grandes presas, Azután (113 hm3), Valdecañas (1.446 hm3), Torrejón (188 hm3) Alcántara (3.160) y Cedillo (260 hm3), cuya capacidad de almacenamiento es de 5.167 hm3, con una potencia instalada de 1.942 MW. El Tajo en España hoy es un río muerto, que sólo se encuentra en aceptable estado de conservación en sus primeros 150 kilómetros de recorrido, antes de refrigerar a la central nuclear de Trillo, y de que las tres cuartas partes de su caudal se vayan por el trasvase Tajo-Segura a las regiones del Mediterráneo. Después, no hay río, sino un hilo de agua, fuertemente contaminado, sin dinámica natural, y absolutamente regulado por las grandes presas, especialmente en Extremadura y el oeste de la provincia de Toledo, donde durante más de 300 kilómetros el Tajo es una gran cadena de embalses, donde se almacenan aguas fuertemente contaminadas y eutrofizadas.

Hasta ahora en Portugal el Tajo aún era río. Sólo dos pequeñas presas (Fratel y Belver), paran el curso del río. Con la construcción de la presa de Almourol (y la proyectada o estudiada en el Programa Nacional de Barragens com Elevado Potencial Hidroeléctrico, de Santarém, aguas abajo de la de Almourol y prácticamente hasta donde se siente el efecto de las mareas del Océano), se emulará a España, y se liquidará de facto el Tajo en Portugal. Sólo la de Almourol acabará con el Tajo en un tramo de 36 kilómetros del tramo inferior del Tajo, y sin contar con el tramo inferior del Zêzere, que dejará de ser río también desde el propio muro del embalse de Castelo do Bode.

El desastre social, ambiental y ecológico sería de primera categoría. En Portugal aún se vive con el Tajo, especialmente en este tramo (Constância, Praia de Ribatejo, Tramagal, Abrantes y todas las pequeñas aldeas que te salen al paso en este Tajo aún superviviente a tanta desidia y abandono). La construcción de esta presa romperá esta relación, puesto que incluso el disparate es tal que hay que construir muros en las propias márgenes del río para que éste no inunde las zonas de cultivo y algunas poblaciones. «Dada a ocupação urbana e a enorme valia agrícola dos terrenos situados nas margens do rio Tejo ao longo deste troço de 36 km, com a construção do aproveitamento de Almourol, prevê-se também a execução e/ ou sobreelevação de diques de defesa ao longo de praticamente toda a albufeira. Com a execução dos referidos diques não serão inundadas infra-estruturas importantes ou áreas urbanas, contudo a execução dos diques afectara algumas zonas ao longo das margens do rio Tejo, designadamente em algumas localidades (Praia do Ribatejo, Constância, Rossio do Tejo, Tramagal e Abrantes). Para a alternativa de construção da barragem a montante de Praia do Ribatejo e de Constância não será necessária a construção de diques nessas localidades.» Es decir: el río embalsado va a quedar por encima de las propias poblaciones y las tierras del entorno. Este despropósito, que no tiene en cuenta las crecidas del Tajo, su bajo periodo de retorno, deja claro el disparate del asunto.

Hace ya mucho tiempo estuve en el castillo de Almourol, después de recorrer los pueblos de las orillas, de comprobar que el Tajo del que me habían hablado en España, el sepultado bajo el agua de las presas, la avaricia del trasvase Tajo-Segura, las aguas residuales de Madrid..., que ese Tajo seguía respirando y viviendo, exiliado y escondido, en Portugal. Aquí delante lo tenía. La presa de Almourol acabará para siempre con este Tajo, con el Tajo que fue, y que debería ser tratado como un elemento venerable de la cultura ibérica. El Tajo es una catedral una y otra vez expoliada. Vemos cómo se va a él, se le arrancan sillares, dovelas, gárgolas, caen los últimos arbotantes. Y con total impunidad, los Estados español y portugués actúan al dictado de los grandes grupos de poder: constructoras e hidroeléctricas, y apelando a la crisis que todo lo puede, a los metafísicos puestos de trabajo que se crearán, a la riqueza para el país… a la literatura tan hueca como amasable, acaban con lo que queda de Tajo. El barragen de Almourol es una estupidez tan absurda como probable. En un tiempo en el que nos deberíamos empezar a plantear dinamitar las presas de Torrejón y Valdecañas, seguimos dilapidando lo poco que hemos respetado en 50 años de destrucción a conciencia del Tajo. Como las encinas de siete u ocho siglos que se hacían leña barata en los camposantos inmensos de Alqueva, al Tajo lo convertimos en kilovatios. Seguimos sin entender ni aprender, pero el Tajo ya no puede más, se nos desmorona, ya no aguanta tanto saqueo.
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domingo, 7 de febrero de 2010

LLEGAN LOS AVIONES

Tres aviones comunes (Delichon urbica) desde mi ventana, los primeros de la primavera. Ayer sábado 6 de febrero, quizá demasiado pronto para este invierno que se parece un poco a los de antes, y al que todavía le queda al menos un mes. Hoy no se los ve. Quizá sigan subiendo. Demasiado pronto este año. Share/Bookmark Leer más...

sábado, 6 de febrero de 2010

TAKE ME TO THE RIVER, O EL TAJO –OTRA VEZ– COMO EXCUSA Y ENGAÑO

Este es el lema del proyecto elegido para gastarse 100 millones de euros en hormigón en las riberas del Tajo a su paso por la ciudad de Toledo, Take me to the river, (en inglés, faltaría más, y en Castilla, en la ciudad de Garcilaso) que se puede traducir libremente por Llévame al huerto, que no es del de Calisto, sino el de la política chapucera de siempre, es decir: emplear el Tajo, Toledo, el «acercar las riberas» a la gente, y esa literatura enojosa que no se sabe muy bien qué quiere decir, para lo de siempre: para no hacer nada y dejar las cosas como están y como son. Para quien quiera indagar más, dejo enlace a la noticia que sacaba ayer el diario El País; y al enlace donde el estudio de arquitectos agraciado con el premio intenta explicar qué van a hacer en el Tajo. Me gusta mucho (un decir) eso de «el proyecto pretende incorporar completamente la orilla del río a la ciudad como parte de ella, provocando [sic] su acceso y su uso urbano. Pasando así de un panorama sin pulso, inanimado y lejano [a] otro dinámico, activo y ciudadano, aproximando el río a la ciudad, para activarlo.» Si la ciudad no va al río, el río va a la ciudad.

Arreglar el Tajo en Toledo es sencillo: más agua y más limpia, con un régimen natural. Para mí no hay que hacer más. Si se arreglan un poco los paseos existentes, la senda ecológica, mejor, pero nada que no se pueda hacer con unos cuantos operarios del Plan E. Las escombreras son parte del paisaje de Toledo, como lo son ya las pitas, un paisaje hecho de siglos, de las vicisitudes de la ciudad en el tiempo, y que te explican cómo se ha ido haciendo Toledo, cuyo casco histórico, no se olvide, en cerca de un 50% es de nueva planta levantada desde el final de la Guerra Civil hasta ahora. La gente ciudadana no se acerca al Tajo porque el Tajo a su paso por Toledo es una cloaca a cielo abierto, un simple albañal fluyente con las aguas residuales de seis millones de personas de la Comunidad de Madrid, mal depuradas y perfumando la ciudad con olor a agua gris y sucia. Otra cosa es que queramos vender un proyecto para poner a los pies de los caballos el paisaje cultural de Toledo, con el Tajo como excusa, y que esa «permeabilidad» y «accesibilidad» se conviertan en «urbanización» y «canalización» del Tajo, para servir a los intereses urbanísticos que se derivan del nuevo Plan de Ordenación Municipal de Toledo.

Respecto a la destrucción del paisaje de Toledo, este proyecto no trae nada nuevo, puesto que esto, la liquidación del patrimonio cultural y paisajístico de la ciudad, es una evidencia. No sólo con este proyecto, sino con el arrasamiento de su entorno, especialmente los Cigarrales y su continuación en la meseta cristalina, ahora repleta de chalets donde antes había un paisaje muy bien conservado, ecosistema montuno de enebros y encinas. Lo es la ocupación de las Vegas, alta y baja, que no olvidemos que el Plan de Ordenación Municipal se pasa a cuchillo tres meandros del Tajo aguas arriba, y otro aguas abajo, con once puentes -no sé si al final los han dejado en nueve- de nueva ejecución. Analizar el paisaje de Toledo, desde la entrada por el norte, o desde el Parador, en la orilla sur del Tajo, te va marcando los hitos de una destrucción absoluta, de la desconexión del Toledo monumental con su paisaje de siglos. Hace uno o dos años se llevaron por delante los olivares con la circunvalación norte. La circunvalación oeste ha cortado como un cuchillo a un bloque de mantequilla el propio Tajo y el escalón norte de la meseta cristalina, que aquí cae casi a pico sobre el Tajo. Un absoluto despropósito.

He contemplado durante más de 20 años la destrucción del paisaje de Toledo, en manos de unos políticos que piensan y creen que Toledo son las piedras del Casco, que lo de fuera no interrelaciona con lo de dentro, y que los olivares, los enebrales, los montes del entorno, las tierras rojas de las barrancas, las vegas del Tajo, son sólo terreno que parcelar y llenar de adosados. Y que en ningún caso se los pasa por la cabeza que Toledo es Toledo por su encaje en un paisaje de siglos que hay que respetar. Cuando la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard hizo su estudio del Tajo en el año 2008, sí tuvo claro eso: el respeto al paisaje de Toledo como algo indisociable y protagonista de su personalidad. Y en su estudio decidieron que no era necesario tocar el Tajo a su paso por el casco histórico, como señal de respeto e inteligencia, con intervenciones ambientales; y limitando mucho las urbanísticas en los meandros que teóricamente se iban a urbanizar por decreto, según el POM, hasta la orilla del Tajo. Y, por supuesto, dejando libre el paisaje cultural de Toledo. Pongo una foto del plan general, y en internet hay mucha información, puesto que este proyecto ganó ese mismo año el primer premio de la asociación norteamericana de arquitectos del paisaje. Menos dinero, menos hormigón, más verde, más espacio para la ciudad y para el paisaje. Otra filosofía, vamos.

Me temo que en el nuevo Plan de cuenca del Tajo, guardado en los cajones del ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, no va a haber ni más agua para Toledo, ni se va a limpiar la que viene; por lo que queda muy bien decir, a un año vista de las elecciones municipales y autonómicas y con la crisis que está cayendo, que nos han tocado 100 millones en la lotería del Estado para «arreglar» al Tajo. No olvidemos que, como precedente, en Toledo han puesto el nombre de José María Macías (presidente actal de la CHT) a la senda ecológica, que tiene cuajo la cosa. Ya veremos en lo que queda todo esto, pero lo que hay que decir ya es que a un moribundo no se le arregla la cara vistiéndole con ostentación y con oropeles, sino devolviéndole la salud, y punto. La salud del Tajo es su agua, en cantidad y calidad, y ésta se la van a seguir hurtando. Take me to the river? ¿Lleno de mierda?, no gracias. Es lo que vamos a tener

Es, no se dé más vueltas, un proyecto de «tematización» y vanalización, tan a la moda. Lo que ocurre es que juega con Toledo, quizá la ciudad con más personalidad urbanística de España; y emplea al Tajo como coartada. Tenemos una buena chapuza a la vista. Y todo esto en una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

No creo que Toledo aguante más embates de proyectos que laminen su personalidad paisajística y arquitectónica. Si hubiera caudal, agua limpia en el río, si se acabara con el trasvase Tajo-Segura, se depurara convenientemente lo que se vierte aguas arriba, se recuperaran los bosques de ribera, las alamedas del Tajo, se protegiera la Vega alta, entonces sí que, la gente ciudadana, iría al río. Ahora, ni con el Take me to the river, ni con inventos para callar la boca a los políticos locales, y permitir que se siga expoliando el Tajo un par de décadas más, va a colar. Esta vez no.
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viernes, 5 de febrero de 2010

CUIDADO

La Tribuna de Talavera, 5 febrero 2010

Hace algún tiempo pensaba que la táctica del PP era la de ver pasar delante el cadáver del rival –que no enemigo– PSOE, que él solito se estaba metiendo en el barrizal y esas cosas que tanto nos sabemos. Ahora creo que espera a que el cadáver se quede como una mojama que no huela ya, aunque este país quede desarbolado y sin que le conozca la madre que lo parió. Y la «gente» no es tan tonta como piensan nuestros políticos de profesión. En esta crisis, o lo que sea esto que nos lleva, se retrata la clase política que nos ha tocado, además del resto de agentes sociales, o lo que sean, que pululan y espesan el caldo de esta democracia de títeres que vivimos. Pararte un rato en cualquier pueblo de las tierras de Talavera, o de donde sea, escuchar a las gentes, hablar con ellas, te ofrece el panorama desolador de un país que no sabe a dónde va, ni lo que queda de él. Y al que en buena medida le da lo mismo todo. Pasear por Talavera, con dos o tres generaciones uniformadas de chándal pasando el tiempo sin nada mejor que hacer, delinea la situación mejor que tres telediarios, donde, por cierto, hoy he visto a un sindicalista en mangas de camisa, con mucha gente escuchando, y eso que era hora de trabajar.

En España, al menos en esta España de interior, todo se ha quedado petrificado, o helado, o hecho cisco, como mejor se quiera decir. Quizá sea un despertar a la realidad, a lo que siempre hemos sido, y a lo que de donde nunca podremos salir, que a nosotros tampoco toca. Otra vez la España que puedo ser, que se alcanzó con la punta de los dedos, y tampoco fue, como tantas no han sido. Y con la rémora de siempre: una clase política mayormente inepta, viviendo de lo suyo, con sus prebendas, con sus pagas de jubilación que no las toca ni Dios, con ese lenguaje asquerosamente vacío que ya más que cansar, insulta. Y un sistema educativo que echa lo que echa a la sociedad, es decir, lo que somos. Queda claro ahora, como nunca, que el interés de los políticos no es el de los ciudadanos, que esto no funciona, y que el ciudadano vuelve a ser carne de cañón. Lo interesante es que, mientras llega el sálvese quien pueda, a la «gente» ya nos empiezan a cargar tantas gilipolleces, y esto, el invento, se puede tambalear. Somos masa, «gente», nos movemos en enjambres, predecibles, y encajamos lo que haya que tragar. Pero cuidado, que esto ya se está poniendo muy feo.

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lunes, 1 de febrero de 2010

LA FOTOGRAFÍA DE LOS 18 MILLONES DE EUROS


La foto de arriba (tomada de la web de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que uno no estaba allí), escenifica la España de hoy, donde una foto vale 18 millones de euros. Una foto posible gracias a que ha llovido, y las Tablas de Daimiel se han llenado, es decir, entra más agua de la que son capaces de tragar los cientos de agujeros del acuífero. Esto no durará, pero mientras dure, pues eso, todos tan contentos, diciendo que ellos han llevado el agua del Tajo desde el Gigüela, que si los pozos, que si las excavadoras… Todo muy ecológico, todo mentira, cada uno en su sitio, guardando planos y distancias. Me gusta esta foto de vamos de excursión, o de turistas paseando por una Venecia de patos y masiegas y prismáticos caros, como llevarían los señoritos que hace setenta años pegaban tiros a los patos colorados y los azulones en estos mismos pagos. La España de hoy es la mentira montada en una barca plana, donde lo único de verdad es la cara de circunstancia de los guardas del parque obligados a pasear a tan ilustre comitiva. La España de hoy donde lo que hay que oír y ver se impone a lo que es; donde el engaño, la media verdad, el cuarto y mitad de mentira triunfan sin contemplación ni consuelo. Ha llovido, hay foto. Mírenla bien: secretario de Estado de Agua y Medio Rural (vamos, virrey de Medio Ambiente); consejera de Industria de la Junta de Castilla-La Mancha; y resto de protocolo de Parques Nacionales, de esos de excavadora y trasvases. Y la cara de los guardas. Vamos de excursión. Una foto de 18 millones de euros y de un país de vergüenza.
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viernes, 29 de enero de 2010

CAMINOS Y CARRETERAS

La Tribuna de Talavera, 29 enero 2010

Hay veces que piensas que las cosas deberían ser mejor sólo por el motivo de que somos más viejos, que el tiempo avanza y que no es posible que las cosas vayan para atrás, que lo alcanzado y superado ya quedó ahí, como mojón de líquenes en un camino que, siempre, va hacia delante. Esta tarde me he parado un rato en el Cordel de los Llanos, junto a los madroños supervivientes del camino de Poyales. He quitado la música del coche, he cogido los prismáticos y me he quedado un buen rato junto a la herrumbre de los carteles del Cordel. Antes, a mediodía, había recorrido un buen tramo de las obras de la nueva carretera, una autopista que corta a cuchillo el valle del Tiétar entre Ramacastañas y Candeleda. Esta carretera ya se paró a principios de los años 90, se la tachó de absurda y de innecesaria. Pero ahí está ahora, veinte años después, como un desafío a la inteligencia y a la belleza. He avanzado hasta donde he podido, con el barro, los camiones cargados de tierra roja, las enormes excavadoras rompiendo el granito y agrandando la cicatriz. Esta carretera ya aparece en algunos planos, en los navegadores, pero las águilas, las cigüeñas y los melojos no lo sabían, ni falta que hacía. He seguido hasta donde he dicho basta, y me he vuelto. En tardes como la de hoy comprendes, con la rotundidad de los hechos, que todo tiende a desaparecer, a romperse, a sobrevivir sólo en los recuerdos. Las máquinas trazaban su camino, todo será ya distinto. Arriba el buitre negro contemplaba la enorme veta de tierra roja en carne viva. Hasta que se marchó lejos. Como yo.

Después me he parado en el Cordel, he cogido los prismáticos y me he puesto a contemplar las distancias, las que caen al Tiétar, las que se pierden en Gredos. Las láminas de Rosarito y Navalcán, las charcas llenas de gaviotas, los punteos de robles y pinos. Y al fondo Gredos, con más pistas, con más casas, con más costurones. Pero siempre Gredos. Pasaban los milanos reales, y sobre el Almanzor crecían nubes lenticulares, finas, que se deshacían en un soplo del viento de las alturas. Allá abajo cruzará la carretera. Ya nada es como fue, ni lo será. Tampoco lo seré yo, ni Gredos, ni nada, ni nadie. No hay mojones en el camino, todo se ha vuelto de niebla, y ni siquiera quedan estelas para recordar, como el polvo de las nubes que ya no lo son. Nada.
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