El bosque cabe en su iris negro. Entra la lluvia, y el viento que arrastra las últimas hojas de los robles, y el olor a tierra, y el agua que rezuma bajo las piedras, entre el suelo, sobre el musgo. Dentro han ido a refugiarse el arrendajo y el águila. De allí viene un rumor de cascada, a tempestad lejana. Dentro hay luz, siglos, distancia. El bosque es silencio, se ha guardado dentro. Sólo la niebla que baja y golpea. Profundo, en su mirada, está el tiempo.
Guillermo Perez Villalta. Desde lo alto de una escalera
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«Pintar un cuadro. ¿Cómo es un cuadro consciente de la gran carga de
memoria que lleva la pintura? No solo es una imagen, incluso la palabra
figurati...
Hace 21 horas

