viernes, 13 de septiembre de 2013
Agua va
viernes, 12 de agosto de 2011
¡Agua va!
Con el nuevo paisaje político salido de las Autonómicas, se consolida el secuestro del Tajo. La nueva presidenta de Aragón ha dicho que el Ebro no se toca, mientras que la nueva presidenta de Castilla-La Mancha no ha dicho nada del Tajo –ni del Segura ni del Júcar, ni del Guadiana–, y ha dejado la puerta de par en par al saqueo del Tajo, que vacía literalmente la cabecera este verano, a un ritmo de unos 50 hm3 mensuales. Hasta ahora el escenario político del agua en Castilla-La Mancha ha sido el heredado de los planteamientos desarrollistas de los 60 del pasado siglo, bendecido desde la UCD hasta el PSOE, con la misma línea editorial desde Franco a Zapatero. Hay ríos de primera y ríos de segunda, igual que hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. El Ebro está blindado, y el PP sabe que tarde o temprano tendrá que pasar por la piedra del voto independentista catalán, con lo que el Ebro mejor no tocarlo. Y queda el Tajo, y este pedazo de Castilla que es Toledo y Guadalajara, donde el ciudadano vale menos, donde no importa que haya un río que lleve parado un par de meses, o que sea una de las zonas con menos desarrollo económico del país..
El gobierno de Castilla-La Mancha no quiere saber nada del agua, de los ríos, del statu quo. Rinde armas, abre las puertas y agacha la cabeza. Esto, más que una realidad, es un síntoma, un rumbo de gobierno que no me gusta nada, y que deriva hacia paisajes de provisionalidad y de echar parches, más que gobernar. Si alguien quiere poner orden en Castilla-La Mancha, debe empezar por arrancar las raíces de lo que nos hace diferentes/inferiores a las demás regiones. Y el agua, en una región con un peso agrícola y ganadero importante, es fundamental. Y no veo ni interés ni ganas. Lo dicho: el Tajo para Madrid y Murcia y Alicante; el Segura para Murcia; el Júcar para Valencia. Y las sobras, las aguas residuales y los pozos secos para Castilla-La Mancha. No hay otra.
Con el agua se empieza a ir, al menos para mí, la credibilidad de este gobierno novísimo, desaparecido en este agosto extraño y urgente. Repito: el agua es un síntoma. No se trata de demagogia o palabras vacías, sino hechos. Y la realidad es fría. Demasiado fría.
martes, 22 de marzo de 2011
La verdad del agua

Esta fotografía tiene ya cerca de diez años. Es del Alagón, un afluente del Tajo, tomada en la provincia de Salamanca, Castilla y León. Aúna -para mí- el resplandor de un día perfecto, la transparencia del río bajando primaveral, el puente antiguo cruzando elegante, la corriente serpenteando serrana y rápida. Los ríos no entienden de fronteras. El agua, por concepto, es el elemento menos aprehensible y escurridizo, a veces líquido, otras hielo, las más vapor y viento. Me gusta el agua en los ríos, libre, no sujeta a ataduras. El agua como cifra, mercancía, poder, dominio… ha usurpado el territorio del agua libertad, destino, espejo y esencia. El agua es lo más sagrado que corre por este mundo, pero se la ha convertido en negocio. Me gusta contemplar los ríos libres que nos quedan, y entre ellos los relampagueates del sur de Gredos, de Gata. En sus aguas de espumas y esmeraldas se encuentra la esencia de la vida. No hay tiempo para estancarse, pudrirse en melancolías y eternas encerronas. Todo es bajar, continuar, jugar con los mirlos acuáticos, revolviendo piedras y lanzando fulgores de grandeza. El desguace del intelecto del hombre tiene su máxima expresión en la destrucción de los ríos, en el intento insensato de dominarlos y convertir su propia esencia, su latido, el agua, en un mero recurso. Un río no puede tener precio, un metro cúbico de agua tampoco. Son regalos, privilegios de este mundo que ni miramos ni apreciamos. Usamos, rompemos, torcemos. ¿Y para qué? Nos falta aprender lo básico: el sentido de la belleza. La verdad del agua. La libertad es un río limpio bajando una tarde de primavera desde las soledades de Las Batuecas, una imagen, un sonido, un olor, un espacio, un recuerdo, que habitarán para siempre en la memoria, rumor fugaz de agua libre trazando su camino, entre ovas y lavanderas, sobre los surcos de la sencillez más limpia.
domingo, 7 de marzo de 2010
UNA (PEQUEÑA) CRECIDA
Da gusto ver bajar al Tajo. Y oírlo. Huele a una mezcla de detergente y tierra, como recuerdo que siempre olía el Tajo en las crecidas de verdad de los años setenta del pasado siglo. Entonces el Tajo traía rumor de río grande, y el sonido del agua despeñándose por la azuda de los Molinos de Abajo llegaba hasta muy lejos, y te iba atrayendo desde que lo sentías hasta llegar a la corriente vertiginosa de espuma y álamos volteados que salían disparados por la Morana. El Tajo hoy no trae mucha agua, quizá unos 700 metros cúbicos por segundo, pero parece un río. Y es suficiente. Después de verlo agonizar invierno tras invierno, buscarle en su vacío cada verano, se agradece verlo entero y con ganas, arrastrando troncos y toda la basura que le han ido echando en las orillas. Quedan lejos las crecidas de verdad del siglo pasado, en las que se superaban con facilidad los 1.000 m3/sg, e incluso no eran extrañas avenidas superiores a los 3.000 y 4.000 m3/sg. Pero este Tajo no lleva agua de la cabecera, que se retiene toda en Entrepeñas y Buendía; tampoco lleva agua del Jarama, que se queda para abastecer a Madrid; tampoco lleva agua del Alberche, que se retiene en los embalses de San Juan y El Burguillo. Este Tajo, sin los grandes afluentes incluso, al menos es capaz de hincharse con el agua que va recibiendo por su camino, como los 130 m3/sg del modesto Pusa. El Tajo lleva hoy la mayor crecida en 15 años. Por un día el Tajo vuelve a ser río.
viernes, 26 de febrero de 2010
EL GUADIANA REVIVIDO
G1. Entrada diaria (en hm3) en el embalse de Peñarroya. Enero-febrero 2010.



