El arroyo Castañarejo baja desde casi lo más alto de Gredos, e incluso este verano lleva agua. Las cascadas resbalan por el musgo y entre las sombras de los robles. Río de alisos y sacuces, de agua limpia y rápida. Junto al puente de la pista del refugio de la Albarea una máquina ha desviado el cauce, y mete el agua por una arqueta. Allí unos tubos se la llevan bajo el camino. El río se queda seco y los alisos en silencio. Quizá éste sea el futuro de Candeleda: sin agua. Lo que se quiere hacer con este municipio, además de una vergüenza, es un despropósito de tales dimensiones que la Junta de Castilla y León, la Confederación Hidrográfica del Tajo, e incluso el ministerio de Medio Ambiente, tendrán que dar muchas explicaciones. Lo que está claro es que Candeleda no quiere quedarse sin futuro. El viernes lo va a demostrar.
El íntimo cuchillo. Antología poética de Pedro López Lara
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*En ma fin est mon commencement.*
Forjado en duros años de cautiverio, ese era el lema que aparecía en el
trono de María Estuardo. T. S. Eliot lo invir...
Hace 12 horas

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