Ayer jueves 14 de marzo el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Arias Cañete, se reunió con los regantes del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura. Hoy, según indica en su Twitter la periodista Inmaculada Mardones, los regantes que manejan el agua del trasvase y son un elemento clave en la balanza social y política de Murcia y Alicante, exigieron al ministro la cabeza del presidente de la Confederación Hidrográfica del Tajo. Esta noticia se suma a lo que hace pocos días conocimos: que Francisco Cabezas, director del Instituto Euromediterráneo del Agua, institución suculentamente mantenida por los gobiernos levantinos, acudía –asumiendo prácticamente las funciones de director general del Agua del ministerio–, a las reuniones que se mantienen para intentar cerrar el plan del Tajo entre las Comunidades afectadas y el ministerio.
Ahora los regantes del Segura directamente le han exigido al ministro el cese fulminante de Miguel Antolín, presidente de la Confederación Hidrográfica del Tajo ¿Su delito? Intentar elaborar un nuevo plan de cuenca del Tajo que se ajuste a los requerimientos de la Directiva Marco del Agua y que, al menos, contemple que el río siga vivo, tenga caudal más allá del escaso reguero que llega a Aranjuez, y garantice las mínimas reservas en la cabecera (Entrepeñas y Buendía) para los usos en la propia cuenca, incluidos los abastecimientos en Castilla-La Mancha y Madrid. Pero los regantes del trasvase Tajo-Segura tienen muy claro que el Tajo es suyo, y que el plan de cuenca del Tajo hay que elaborarlo según sus intereses. No les importa los miles de documentos que certifican la desesperada situación de la cabecera del Tajo, su incapacidad de satisfacer las demandas, la disminución de más del 50% de las aportaciones naturales desde finales de la década de los años setenta del pasado siglo, el incremento lógico de las necesidades de Madrid, de los pueblos ribereños de Guadalajara y Toledo... No. Los regantes del trasvase Tajo-Segura siguen anclados en una política egoísta de máximos, donde no importa nada la suerte del Tajo, porque reciben suculentos volúmenes a precios ridículos, despreciando otras soluciones; y, por supuesto, sin querer entender que el Tajo tiene unas necesidades, necesidades que la legislación española y europea anteponen. De ahí que se quiera minimizar las demandas de la propia cuenca, y maximizar los excedentes, pese a que una lectura técnica y sensata de la realidad del Tajo arroja un escenario que se quiere negar.
Pero esto, que los regantes hagan todo lo posible dentro y fuera por mantener su statu quo, anacrónico e insostenible, se entiende. Ellos tienen su negocio, su poder, su capacidad de presión, mueven muchos votos, y han hecho del agua –con el aplauso y aprovechamiento– de los gobiernos autonómicos, una herramienta, tan útil como peligrosa; tan utilizable, como en un momento dado, incontrolable. Lo que no se entiende es cómo todo un ministro del Gobierno de España, se pliega a sus intereses. Un ministro, Arias cañete, que hace gala de tener a Europa y a sus instituciones como marco de actuación, se pasa por el arco del triunfo la Directiva Marco del Agua, y permite que un grupo de presión le dicte quién debe dirigir la Confederación Hidrográfica del Tajo. Probablemente un testaferro que firme o saque a información pública un borrador de plan de cuenca donde el Tajo continúe siendo una auténtica hidrocolonia, donde Entrepeñas y Buendía sigan siendo de facto la cabecera del Segura, y donde sus habitantes se limiten a contemplar una y otra vez cómo las reservas que costosamente el Tajo almacena, se van desde Bolarque a los negocios de los regantes del SCRATS. O un plan de cuenca que se olvide de que Talavera de la Reina necesita un caudal para que el río no se seque durante tres o cuatro meses al año. O que dé por buenos caudales de risa en el Tajo a su paso por Aranjuez o Toledo.
El ministro Cañete se equivoca si cesa al presidente de la CHT. Pero si lo hace, que nombre directamente a Francisco Cabezas, o a José Manuel Claver. ¿Para qué guardar las formas? Ya tiene a una directora general, Liliana Ardiles, que se decanta abiertamente por los regantes del Segura, y un secretario de Estado que se pone de perfil porque lo que aquí se sustancia, el plan de cuenca del Tajo, es una cuestión política, donde los aspectos ambientales, hidrológicos, están en una tercera o cuarta fila. El Tajo sigue en su Guantánamo hidrológico, es un río maldito, y, por lo visto, lo seguirá siendo con Arias Cañete como ministro.
Por ello, señor ministro –permítame la cercanía– no voy a caer en la impertinencia de los regantes del Tajo-Segura. A mí no me mueve ningún interés económico. Sólo el Tajo. Destituya si así lo considera al presidente de la CHT, tire por la borda su trabajo y el de su equipo. Le va a dar lo mismo. Hágase caso de las voces interesadas de los grupos de presión trasvasistas, y siga por ese camino. En Bruselas se lo haremos ver. Usted, tan europeo, tan seguidor de las Directivas, se va a encontrar un día cuando aterrice en Bruselas con la horma de su zapato. Porque o saca adelante un plan de cuenca del Tajo serio, acorde con la Directiva Marco del Agua, donde garantice las demandas de la propia cuenca… o el plan del Tajo se le va a atragantar aún más. Tenga coraje para poner a cada uno en su sitio, no permita que grupos de presión con intereses muy particulares le marquen el camino ni le quiten ni le dicten cargos. Usted, me permito recordarle, es un ministro del reino de España. No un mandado de los regantes del SCRATS y sus negocios.
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