viernes, 12 de julio de 2013

¿Qué celebramos? ¿Adónde vamos?

La Tribuna de Talavera, 31 mayo 2013

Mientras las Cortes de Castilla-La Mancha van por ahí, de bolos, no sé si con teloneros de esos aflamencados que suenan en la radio pública sin parar, pero seguro que sin lamentar lo que pudo ser y al final acabó siendo, Murcia celebra en Madrid por todo lo alto los 35 años del Tajo-Segura. He visto las fotos del sarao de medio pelo que montaron en el CSIC, donde incluso homenajearon a Joaquín Garrigues Walker, aquel ministro de UCD que dijo en Cortes que poner en marcha el Tajo-Segura, una obra de la dictadura, era un golpe al sentido común, pero que ya que se habían gastado los cuartos… qué iba a hacer, y ya veríamos las consecuencias.

Hubo más asistencia que al de los encorbatados y bien pagados protrasvasistas, al acto que la CHT montó el pasado martes en el centro social de la Calle Segurilla para explicar a los indígenas lo poco que no está censurado del plan del Tajo. El plan del Tajo es como esas películas que echaban en los 60: en cuanto iba a salir una teta o alguien se daba un morreo, zas: tijera. Lo mismo pero ahora con el Tajo-Segura y los caudales que deberían bajar por Toledo y Talavera. Alguien en Madrid debería reflexionar sobre lo que están haciendo con el plan del Tajo. En Bruselas se lo van a hacer sentir. Y la presidenta de Castilla-La Mancha debería dar un puñetazo sobre la mesa y poner coto a la burla con los ciudadanos de la región que gobierna. También lo va a sentir.

El caso es que llevamos 30 años autónomos y 35 con trasvase. Castilla-La Mancha no será una región hasta que no se demuestre su dignidad, hasta que no se cierre el trasvase, se meta mano al Júcar y al Segura y hablemos en igualdad de condiciones de financiación con otras comunidades. O quizá nunca seamos nada, que es a lo que vamos. Reconvertir la fiesta de Castilla-La Mancha en el Corpus, travestir la realidad como moda y seña de estos tiempos, apunta en esa dirección. Al final lo de las Cortes sobra, qué más da que 25 ó 15 o dos, si aquí nadie piensa, si se vota a la orden de partido. Si sabemos que se gobierna desde Madrid. Para qué la pantomima. Con lo que fueron las Cortes de Castilla y en lo que las están dejando estos.

Malos tiempos, jodidos, pero con un mayo de lujo. Al final la verdad está ahí afuera, en esas nubes blancas bajo ese cielo tan azul, casi irreal para este tiempo marrón que cruzamos. Hoy, fiesta de Castilla-La Mancha. ¿Qué celebramos? ¿Adónde vamos?
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lunes, 20 de mayo de 2013

Los vientos del Tajo

La Tribuna de Talavera, 17 mayo 2013

A estas alturas de la película todo está más o menos donde se esperaba. El borrador de plan de cuenca del Tajo se ha presentado oficialmente, se han constituido los organismos de la Confederación que tienen que vestir de legalidad la teórica participación de los «actores afectados», y dar cabida a eso que se llama tan falsa como eufemísticamente «participación pública». Se ha abierto plazo de alegaciones –que no servirán para nada– y ahora toca la engañifa de esas jornadas que se organizan en Madrid, Cáceres y Talavera de la Reina para poder decir en Europa que se ha consultado e informado a los indígenas, que de qué se quejan y tal. Todo en orden.

Lo que ocurre es que todo es mentira. Eso, que ya se sabe, es quizá más deslumbrante con este borrador de plan del Tajo. La partida de ajedrez continúa, y alguien no ha colocado muy bien sus piezas. Aparentemente parece que el juego se va desarrollar favorablemente para el Ministerio que juega con blancas y con muchas ventajas. Pero no es así. Hay grietas, huecos mal disimulados debido a una mala apertura, los alfiles son débiles e inexpertos y los caballos están descolocados. Hay mucha prepotencia y soberbia, y eso siempre es un peligro.

Cada uno está en su sitio, la estrategia se va a cumplir movimiento tras movimiento. Pese a que se ha desmontado buena parte del gran trabajo de la Oficina técnica de planificación de la Confederación Hidrográfica del Tajo, lo que ha quedado, lo que se lee, y sobre todo los silencios, son más que suficientes. No estamos como ya he dicho otras veces ante un plan técnico, como reclama Europa y la legislación española; sino ante un plan de cuenca político, censurado, amputado y anacrónico. La más absoluta frankesteneización del Tajo y la perversión radical de la ley, su espíritu y el sentido común. Y eso se va a cobrar sus víctimas. Y no tardando mucho.

Hoy aprueba el Consejo de Ministros el Plan del Guadiana. Una vez que el borrador de plan del Tajo ha roto el hielo, van el del Júcar y el del Segura. Castilla-La Mancha, inmensa hidrocolonia, se juega otros diez o quince años de desarrollo. No sé si se habrá enterado aún el gobierno de Castilla-La Mancha. Pero lo dicho con el Tajo, que es a lo que vamos ahora: los tiempos han cambiado y los vientos del Tajo van a comenzar a soplar. Que cada palo aguante su vela, como le gusta decir a nuestra presidenta. 
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viernes, 10 de mayo de 2013

Landa

La Tribuna de Talavera, 10 mayo 2013



Landa en USA hubiera recibido varios Oscar y sería uno de los grandes de la historia del cine. Pero Landa es celtibérico y carpetovetónico, como el espécimen de Manolo, la nuit y eso marca. España es un país de complejos paridos desde lo profundo de la incultura que nos lleva y con que nos gobernamos. Landa fue uno de los grandes. La primera película suya que recuerdo fue allá por los setenta, en La Clave: Vente a Alemania, Pepe, una imagen de la España de ayer, que creíamos prehistórica, pero que hoy se repite aunque en vez de gastar boina lleva bajo el brazo los títulos de esa generación salida de los esfuerzos de aquellos padres emigrantes. Se cierra el círculo/ruedo ibérico. Landa en su filmografía es esa España de medio siglo: la España que se hace a sí misma cada mañana para acabar destruyéndose cada noche. Y vuelta a empezar. Landa es la España de suecas y Torremolinos; y la del bombeo Fonseca en Los subdesarrollados, España de cartón piedra, siempre lampando y aparentando, no por vicio, sino porque en este país para ser alguien hay que parecerlo y a veces hasta creérselo, como en El astronauta, aquella película en la que merecía haber trabajado Landa; y el Landa de Celedonio y yo somos así, o el más negro de Paco, el seguro. Y es la España que se pregunta a dónde va, y a dónde vamos cada uno, en Las verdes praderas.

«Bareta, dame el mechero o te quemo los huevos». Landa recorre en El crack ese Madrid imposible pero tan real de los primeros ochenta, los SEAT 131, el bar de carretera, la gasolinera, los dados y José María García en la radio. Landa será siempre Paco, el bajo de Los Santos Inocentes, esa historia que media España lleva impresa a fuego en el alma porque la otra media estaba (y estará) siempre arriba, en el balcón, con la señora marquesa y el señorito Iván con el cimbel; o con Crespo, el guarda mayor, que no es otra cosa que el lacayo de turno del poder, hoy disfrazo de concejal, alcalde o diputado de lo que sea.

Landa es el espejo de una España que ha cruzado medio siglo enganchada en los complejos y aspiraciones que ya amargaron a Cervantes, a Quevedo... Landa no es el landismo. Somos nosotros sacando pecho y metiendo tripa cuando pasan las suecas/complejos de toda la vida, o agachando la cabeza cuando el «poder» nos manda agarrar el palomo y subirnos al horcajo de la encina, o nos destierra a la raya; somos nosotros con la impotencia de los hijos que se tienen que volver a Alemania porque aquí no hay nada. Landa es esa España, es España, resumida en ese diálogo mítico en El crack: «–¿Qué tiene de postre? –Sí, señor, perdone: tenemos helado, flan, piña, melocotón en almíbar, queso, membrillo y fruta del tiempo. –Café solo, por favor.» Landa, uno de los más grandes. Descanse en paz.
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viernes, 3 de mayo de 2013

Tarde de Abril

La Tribuna de Talavera, 3 mayo 2013

Por la tarde. Un martes de abril. En la televisión juegan al fútbol, Real Madrid contra algún equipo alemán. Por la calle no camina nadie. Los coches se han ido, se han parado, fútbol, mañana fiesta, puente, hay que salir de la ciudad. Arriba pasan los vencejos y en lo alto de los plátanos atalayan los verdecillos, marcan su territorio de alturas. Nadie los mira, nadie los siente, sólo los pinzones de al otro lado del parque. Abajo dos hombres levantan la cabeza y miran dentro del bar, más allá de los cristales/vidrios amarillentos. Bar de barrio, barato, sonido de tragaperras, cartel de Mahou y menú de 7 euros. La televisión alta, muy alta. Hace frío y la puerta está cerrada. No parece primavera, es invierno más allá del calendario y la propaganda de las chicas sonrientes y escuálidas en las marquesinas. Los hombres intentan seguir el partido de fútbol, la pantalla tiene que estar al fondo, grande, el partido es en la televisión pública, hay ambiente en el bar. Los hombres miran, levantan la cabeza, regatean otras cabezas que se interponen entre la mirada y la pantalla. Abrigos gastados, uno incluso con bufanda y con un carro donde se concentra todo lo salvado del naufragio, como esas películas de robinsones donde todo lo que queda es lo que el mar va echando a la orilla después de la tormenta en mar abierto.

Hay quien naufraga en la luz de una tarde de abril. Abril es un mes canalla. Ya termina. No hay goles, la calle es silencio, pasan una y otra vez los vencejos en sus elipses dibujando un espacio de colores que se entrecruzan mientras dejan su estela entre el viento frío, el mapa de una ciudad aérea, la única dimensión real y habitable. Los hombres siguen mirando el fútbol desde la calle. Se abre la puerta del bar y alguien comienza a hablar con ellos. Lleva mandil, será el dueño, los negocios no dan para más en estos tiempos. Les dice que entren, que se tomen una cerveza, un bocadillo y vean tranquilos el fútbol, que él invita. Los hombres se resisten. Ahí están bien dicen, no quieren molestar, que su aspecto no es el mejor… El del bar insiste. Que sí. Y al final los dos hombres entran, aparcan el carro con los trastos en la puerta, junto a los barriles, y entran con todo el respeto y la prudencia, como si ese gesto, que habrán realizado miles de veces, ya correspondiera a gentes de un nivel superior a ellos, reservado a esa sociedad superviviente que va dejando a chorros cadáveres en las esquinas.

El Madrid ha tenido que meter un gol. Retumban las calles y por un segundo el grito acalla al viento que arrastra papeles y basuras de un día muy largo, y las va subiendo hasta un cielo cruzado por nubes lentas, icebergs de hielo negro sobre las que ya dormirán los vencejos.  
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domingo, 28 de abril de 2013

Distancia

La Tribuna de Talavera, 26 abril 2013

Desde mi ventana los castros vettones de la sierra de San Vicente se alinean, paralelos, como los Senos de Saba de H. Rider Haggard, o las Tetas de Viana de la Alcarria. Las montañas, al cabo, siempre son femeninas, excepto Gredos. Desde mi ventana el viento sucio del este ha dejado la tarde con un tono zarco y denso. Me gustan las tardes transparentes, cuando los buitres se descuelgan desde la peña de Cenicientos y los veo bajar por el Alberche hasta atravesar esta Talavera que siempre está en medio, pero nunca en el centro, sino en un pasar e ir, en un venir y salir. Vivo a la altura de los vencejos, que pasan una y otra vez, y los aviones comunes y alguna golondrina despistada. Los cernícalos cazan al atardecer y el espacio es vida. Lejos, las piras de humo se levantan y se aplastan horizontales contra los encinares del Alberche. Hoy Gredos sólo se presiente, con –arriba– una nube inmensa que dibuja la línea del cielo abierto y de las nubes. La raya de las nubes que vienen del Mediterráneo, la frontera de los territorios ignotos del Atlántico que nunca se atreven a cruzar.

Abajo, a ras de suelo, un contenedor de basura. Cada vez que miro alguien está abriendo la tapa. Mira, rebusca, coge algo o nada y se va. Algunos vienen con un carro de la compra, de hacer el recorrido. Los contenedores de basura se abren más para recoger cosas que para tirar basura. Es la paradoja y la metáfora de este tiempo tan incierto como real. Sobran los números, bastan las miradas. Este país ha alcanzado su límite elástico como el acero cuando se le tracciona más allá de la cuenta. Va a colapsar, como colapsan las estructuras carcomidas y sobrecargadas. Es cuestión de tiempo. Sobran diagnósticos, faltan decisiones, luces y arrojo. Y el tiempo se va, y las personas no son número sino personas, y una vida es una vida.

Éste es el tiempo de las distancias. Se ha acabado una época. Un hombre no elige su tiempo. Sí su lugar en ese tiempo. Vuelan los vencejos y suben y suben más allá de las nubes zarcas de esta tarde, sobre las terrazas de los castros vettones que observan y atalayan y guarecen distancias de milenios.
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sábado, 13 de abril de 2013

Fluir

La Tribuna de Talavera, 12 abril 2013.


Es la primavera de los ríos. Es la primavera del fluir, como los aviones comunes que más allá de mi ventana navegan sobre su atmósfera especial, se detienen, giran, ingrávidos y ligeros entre el vuelo raudo de los vencejos. Los ríos son como los pájaros. Cada uno tiene su vuelo, su dibujo en el viento como una firma personal. Hace unos días el Tajo volvía a rugir cayendo sobre las azudas de la Morana. Un sonido de siempre, que recuerdo de hace muchos, muchos años. El mismo. Y fluyen los ríos de la Jara, y las torrenteras de Gredos, y el Guadyerbas baja su vega con rumor de chapoteo de galápago y canto de pinzón. Y el Alberche toma de lado a lado su moridero ancho, ese encuentro mutilado con el Tajo. Y todo fluye, todo vuelve, como las nubes del Atlántico, cada vez menos espesas, y crece la hierba de las dehesas y de las lindes, alta, de otra dimensión.

Es la primavera de la resurrección de los ríos. Este año voy a ver dos, despacio. Uno el Segura que nace a borbotones de agua color esmeralda. Río que nace en Jaén, se almacena en Albacete y se gasta hasta el agotamiento en Murcia. He seguido cómo se llenaban los embalses de la Fuensanta en el propio Segura, y el Mundo y el Cenajo. Cómo el río bajaba limpio, tomando su vega, recuperando su lugar. Y cómo incluso le han dejado llegar, mínimo, al Mediterráneo.

Y otro es el Guadiana. El Guadiana es un río mágico. Y este año van a volver a brotar los Ojos. Me importa menos la suerte de las Tablas como balsa para patos, me interesa la recuperación del acuífero, y, sobre todo, la altura de miras que tendrá que tener el Estado y la Junta de Castilla-La Mancha para delimitar de nuevo el espacio robado desde los años setenta del pasado siglo al Gigüela, al Záncara, el propio Guadiana… tantas llanuras de inundación desecadas, puestas en cultivo y que ahora reclaman los ríos. Sigo las fotos de los satélites e iré a ver los Ojos, mientras la tierra se hunde, se ponen diques y se intenta canalizar la fuerza del agua. Es imposible. El Guadiana ha vuelto. Pronto el agua saldrá de los novísimos Ojos esmeralda a borbotones, con rabia de haber permanecido encarcelada décadas. Curiosamente el mismo tiempo que lleva funcionando el Tajo-Segura.

Algo está cambiando en los ríos. Es la primavera, el verano de los clásicos. Iré a contemplar la resurrección de los ríos. El fluir del tiempo convertido en algo más que agua.
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viernes, 5 de abril de 2013

Memorándum

La Tribuna de Talavera, 5 abril 2013

Así es el nombre que ha recibido el acuerdo que van a firmar la próxima semana los gobiernos de España, Valencia y Murcia contra el de Castilla-La Mancha. Sí, suena fuerte, y quizá si en vez de ser Castilla-La Mancha fuesen, un suponer, el País Vasco, Cataluña o Andalucía –regiones serias– abriría telediarios y daría para dar y tomar a los opinadores de todo que se ganan el jornal en las tertulias. Pero esto es Castilla-La Mancha y el Tajo el objetivo, e importamos muy poco. Recapitulemos: el marco jurídico español y europeo obliga a todos los Estados a gestionar los ríos mediante planes de cuenca. Pero como el borrador del plan del Tajo deja “tocado” al Tajo-Segura, el Ministerio organiza un pacto para una vez aprobado el decreto del plan de cuenca del Tajo, retocar las leyes que rigen el trasvase, modificando a su vez el plan del Tajo. Es decir: pegar el cambiazo a Bruselas, que es con quien tiene compromiso.

Este timo de la estampita hidrológico probablemente sea en la ya larga historia del trasvase Tajo-Segura –que viene a ser la del ocaso del propio Tajo–, la cosa más sucia que me he encontrado. Puedes entender los manejos de la década de los sesenta del pasado siglo, con una dictadura y tal. Pero no los del 2013 en un Estado –dicen– de Derecho. Dejo para los políticos la pose forzada de cordialidad, eso de todos hemos ganado, se ha acabado la guerra del agua y esas tonterías; mientras las navajas vuelan –de momento– debajo de la mesa. El caso es que todos contra el Tajo. Y contra Castilla-La Mancha. Y un documento vinculante que modifica dos o tres leyes, redacta las reglas de explotación del Tajo-Segura, diseña la comisión de explotación y abre la puerta de par en par a lo eufemísticamente denominado “cesión de derechos”, que no es otra cosa que el Estado permita a gran escala la compra-venta (subvencionada) del agua de los regantes del Tajo por parte de los del Segura.

Castilla-La Mancha ha dicho que no quiere saber nada. Faltaría más. La consejera de Fomento, en su línea, ha sido muy elegante ante este golpe de Estado orquestado –manda narices– por el propio Estado. En Murcia y Valencia se preparan, afilan sables y unifican lo mejor de sus huestes, como en los desfiles de moros y cristianos. ¿Aquí? Pues como siempre. Unos trabajando y otros poniéndose las medallas. Y la Junta laminando la avenida, entre el esto no va conmigo y encajando el “fuego amigo”, los cañonazos del ministerio y Murcia y Valencia.

Es lo que hay.
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