sábado, 8 de febrero de 2014

2014

La Tribuna de Toledo, 3 enero 2014

Llueve desde que comenzó el año. Al menos en esta Talavera, lusitana y orillada a Gredos y a las dehesas inmensas que bajan hasta el Guadyerbas y el Tiétar. Llueve como si el cielo quisiera limpiar la mugre del año pasado, como si realmente hubiera una línea en el tiempo, un aquí y un allá, un punto de inflexión, el máximo y los mínimos de aquellos tiempos remotos del cálculo diferencial. Llueve y corren los arroyos, el agua fluye primero con el color marrón de la tierra sorprendida; después con el blanco zarco que deja la lluvia temporal. Llueve en la luna nueva de enero, que también quiere comenzar entera y perfecta el nuevo año, como si todo estuviera por hacer y no se quisiera traer nada comenzado del año anterior.

Pero el humano no es perfecto, y no hay línea, sólo continuidad, paisajes de vida que cambian lentamente, como en esos viajes en tren donde la luz baila al ritmo de las curvas suaves, y la distancia va cambiando despacio, presentida y esperada. España es un país en su tiempo y ritmo. España es un país que lo que mejor sabe hacer es ser. Otros países son el mañana, el hacer, el inventarse. España el ser, la contemplación, el vivir. Así, con la que viene, es complicado saber por dónde vamos a salir. Que el paro baje en diciembre –maquillajes aparte– es una buena noticia. Pero no suficiente. España principia 2014 en uno de esos perdederos de la historia en los que acostumbra a regodearse. No hay visión de país, ni ideas. España, incapaz de proyectarse, de mirar más allá. De nuevo.

Sigue lloviendo. Quizá llueva hasta mayo y el agua se lleve toda la pereza, la desgana acumulada. Quizá si llueve mucho, como antes, el Tajo vuelva y arrastre la basura acumulada, el silencio que todo lo vence; y deje limpios por fin los álamos de la ribera, devuelva las playas de arenas y náyades. Quizá algún día esto cambie, vuelva la luz. Pero esto, de momento, es España.  
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La luz

La Tribuna de Toledo, 20 diciembre 2013

España es un país para espabilados, no para inteligentes. La inteligencia es eso que, más allá de las colas del paro o las puertas de embarque de los aviones baratos que desangran España llevándose a autóctonos y oriundos a buscarse la vida y crear riqueza a medio mundo, se desprecia profundamente y se extirpa en la mejor y más gloriosa tradición patria. Del Lazarillo al Gabrielillo de Galdós pasan siglos de una España que, antes como hoy, debe buscarse la vida, donde trepar es la consigna.

España es –un ejemplo– el bandolerismo de las Cajas de ahorro, patentes de corso de los gobiernos autonómicos de turno para enriquecer amigos, para hacer política de salón y, a última hora, sablear a los ciudadanos con las preferentes. En España la moral de lo público es mero escaparate que ya sólo engaña a muy pocos en plena y peligrosa decadencia de la Constitución del 78. La degeneración de las estructuras del Estado, el –un ejemplo– reparto a conveniencia del Consejo General del Poder Judicial, escenifica que aquí lo de la separación de poderes no vale. España es diferente, aquí todo emana del mismo tronco, y la cuestión está en quien trinca, alternativamente, en cada momento. Eso sí, que no se nos desmande el corral. De ahí –un ejemplo–, las dos o tres modificaciones que ya llevamos de la ley electoral de esta bendita Castilla-La Mancha. Amañar los votos para que no entre Izquierda Unida en el parlamento regional, es de lo más normal, tanto como –un ejemplo– bendecir y loar el regalo navideño del Júcar, Segura y Tajo a Murcia y Valencia; o –un ejemplo – querer poner a Castilla-la Mancha en el mapa del turismo mundial con el mando a distancia, es decir, gobernando desde Madrid y haciendo oposiciones para un puesto en el gobierno central la próxima legislatura.

España es un país –dicho queda– para espabilados. De ahí –un ejemplo– que nos vuelvan a subir la luz. España, el país con más sol, viento, potencia instalada –negocio en gas, solar, eólica, jamás servicio al ciudadano– más que de sobra, sigue permitiendo el oligopolio eléctrico, donde el mismo que vende es el que compra, y viceversa. Y así ponemos el precio. Es como en política y justicia. Al final el político ha colocado al que debe juzgarle. Y así nos va. España es un emplasto de colores, un manchón sin definición, donde en las aguas revueltas ganan los de siempre. Siempre los mismos. Lo dicho: España es un país para espabilados. El país donde, dicen, que los hombres se hacen Bárcenas, Blesas, Urdangarines… mientras la canalla, los que pagamos, seguimos tragando, con la calefacción apagada y sin luces en el árbol de Navidad. Lujos que, para no vivir por encima de nuestras posibilidades, hemos de evitar a mayor gloria del sistema. Amén.  
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viernes, 13 de diciembre de 2013

Napoleón en Moscú

La Tribuna de Toledo, 13 diciembre 2013

Agencia Efe

Rajoy, recién aterrizado de la fiesta de Sudáfrica, se reúne con su peluquero de cabecera, le da volumen a los cuatro pelos y toma mando en plaza en La Moncloa. Allí recibe, como registrador mayor de la propiedad del reino, a los presidentes autonómicos que se han troceado el Tajo y se lo han repartido, como si fuera un bloque de pisos, cada uno con su porcentaje de copropiedad, zonas comunes y esas cosas de la división horizontal. En la troupe popular sólo falta Monago, ese presidente raro de las Extremaduras que gobierna a pachas con Izquierda Unida, y que ha mandado a un consejero como quien manda al primer ujier que pasa por la puerta y le toca el marrón. La foto de La Moncloa es para enmarcar. Foto de luto, demasiados muertos vivientes, la típica tropa que no se aguanta, y a la que ya se la trae floja disimular. Da, la foto, para unas cuantas clases de eso que dicen lenguaje corporal.

Rajoy, entre otras, es un cobarde. No ha dudado, como Zapatero cuando liquidó al principio de su primera legislatura el trasvase del Ebro –que no el Plan Hidrológico Nacional, que, por cierto, se sigue ejecutando–, en apretarle las tuercas al Tajo. Rajoy como Zapatero son presidentes cobardes, al menos en materia de agua y gestión territorial del Estado, que al final viene a ser lo mismo. No hay ni hubo cojones para meter mano al Ebro, río que pasa por Zaragoza donde la presidenta Rudi –del Partido Popular, qué raro– ha dicho que de trasvase ni hablar; y desemboca –eso es lo jodido– en Cataluña. Eso, que el Tajo es río castellano –que no manchego como sostiene insistentemente la cazurrería al uso– y el Ebro aragonés y, sobre todo, catalán. Ésa es la diferencia. Ya lo sabían los tecnócratas de Franco allá a finales de los sesenta y no quisieron remover el avispero, y trazaron el trasvase desde la cabecera del Tajo, a sabiendas que mataban el Tajo y que el propio trasvase sería un fracaso.

Rajoy y sus adláteres autonómicos siguen esa senda. Lo malo es que el enemigo campa a sus anchas por faraónicos palacios autonómicos, tomados por mercenarios de esta Castilla desguazada de comienzos del XXI, que sólo cuenta para venderla a trozos, para alcanzar mayor gloria lejos de aquí. Quizá piense eso María Dolores de Cospedal. El poder bien vale un Tajo.

Napoleón ha entrado en Moscú y saquea a placer. El Tajo es ahora, por fin, del Tajo-Segura. Cospedal, perfectamente afrancesada, contempla el incendio de Moscú. No hay prisa. El invierno llegará y ahora como entonces, el cometa marcará el destino. El Tajo dictará sentencia.  
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14.921

La Tribuna de Toledo, 6 diciembre 2013


Ésa es la cifra de parados en Talavera de la Reina, esa ciudad que queda más allá de la raya de la Lusitania y que los mapas colocan en la esquina noroccidental de la provincia de Toledo y de Castilla-La Mancha. Si echamos manos a los datos de la comarca de Talavera, el número también ha subido hasta los 24.017. Aquí, por estos perdederos, no se nota ni un soplo de reactivación. Y en la comarca menos. Asistimos en Talavera a un vacío absoluto de proyectos y una nula visión de ciudad. Siempre he dicho que Talavera de la Reina no pinta nada en Castilla-La Mancha, porque para Castilla-La Mancha Talavera de la Reina no pinta nada. No se trata de victimismo, de visión aldeana o esas cosas que te echan a la cara cuando hablas del desguace que sufre Talavera, del olvido, del vacío que recorre cada vez con mayor hambre sus calles. No. Es la realidad.

Bien es verdad que aquí hemos regalado los votos con mucha alegría, y los partidos han puestos alcaldes para mayor gloria de bonos, barredas y cospedales al uso. En una región profundamente invertebrada como la nuestra, región falsa y fallida, Talavera ha sido el granero de votos perfectamente recompensado con la infalible patada en el culo. Pasan los años y nada se remedia, ni aquí ni en Toledo, y el abismo se agranda, tanto en la ciudad como en su comarca, despoblada, verdadero desierto donde muchos pueblos tienen los años contados.

Resulta, por otro lado, definitorio que la única acción seria acometida por el gobierno de Castilla-La Mancha en esta legislatura haya sido tremendamente negativa para Talavera. Me refiero a la firma del memorándum del Tajo-Segura, que deja muy mal parados a los regantes no sólo del Canal Bajo del Alberche, sino de toda la vega del Tajo desde Toledo hasta Talavera. No interesa al gobierno de Castilla-La Mancha defender los intereses de Talavera. Pero es que no sé muy bien qué gobierna, qué defiende, si no conoce algo de la geografía regional este gobierno.

Los 14.921 parados de Talavera de la Reina, los 24.017 gritan que algo tiene que cambiar. Que ya está bien. Se necesita un modelo de ciudad, real y vertebrado en algún sitio, visión. Pero con los mimbres actuales, aquí y allí, me temo que es pedir mucho.
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viernes, 29 de noviembre de 2013

Democracia como escombros

La Tribuna de Toledo, 29 noviembre 2013

Ya le han relatado en este mismo lugar los compañeros columnistas de la facción talaverana el esperpento que tuvo lugar en el Senado la pasada semana con motivo del cambalache del memorándum del Tajo-Segura. No le canso: Coalición Canaria, por mediación del Partido Castellano, nombrando al Tajo y a la Plataforma del Tajo y el Alberche de Talavera. El senador Quintero, de la isla de El Hierro, diciendo claro y en castellano limpio lo que los senadores y senadoras de esta bendita tierra del Tajo no tuvieron redaños para ni susurrar. Allí arriba, una expresión del senador Quintero se me quedó al final en la cabeza dando vueltas mientras observaba cómo sus señorías leían en las tabletas, mandaban guasaps o se contaban sin contarse un pelo sus películas, con muchas risas y aspavientos, con barullo de cantina de universidad. Una frase «…actúo hoy en esta cámara como senador de España…». Senador de España. O sea: no un senador de un partido concreto, ni de una comunidad autónoma, ni de unos intereses económicos particulares. No era como esos senadores del Partido Popular de Castilla-La Mancha que votaban a favor del memorándum a sabiendas de que era una puñalada para el Tajo, el Júcar y Castilla-La Mancha. Y para España. Pero lo hacían, claro, por orden de «la superioridad». Y, claro, había que aplaudir a rabiar al senador –valenciano– que, ese sí, defendía sin rubor y con convencimiento sus intereses allá en el Mediterráneo. Y lo decía. Y no pasaba nada. Los senadores y las senadoras populares de Castilla-La Mancha plas, plas, plas que te va y que te viene. Más vergüenza tuvieron los del Partido Aragonés Regionalista, que votaron en contra y rompieron la disciplina de sus socios del Partido Popular. ¿Por qué? Porque el memorándum roza ligerísimamente al Ebro. Y eso, claro, no se puede tolerar. Ni ellos ni sus votantes.

Pero aquí no importa. Esto es Castilla-La Mancha, desguace de región, telegobernada desde Génova, 13. Ni tenemos personalidad ni falta que hace. Porque somos contingente. Porque al final lo que vale es, como decía Aguirre, la mamandurria, el sitio, el escalafón, el colocarse en el partido, hacer carrera y que les den a los del Tajo, a los del parador de Molina o a lo que se ponga por delante. Somos cromos, fichas que cambiar por otras cosas «más importantes». Y así vengan memorándums como hostias al sentido común. Da lo mismo. Unas Cortes regionales de opereta, un Congreso y un Senado controlado por listas cerradas; y Montesquieu pudriéndose en la cuneta con dos tiros en la espalda.

Senador de España… Qué grande y que sencillo en esta España que vive en los escombros de su democracia. Algo falla, profundo, en los cimientos de este país. Y éste es el resto.
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martes, 26 de noviembre de 2013

Alegaciones al nuevo Plan de cuenca del Tajo

El pasado día 25 de noviembre terminó el plazo para presentar alegaciones al nuevo Plan de cuenca del Tajo, el que deberá estar en vigor en -se supone- 2015. Esquizofrénicamente hablando, ahora convivimos con un trío de Planes. El vigente de 1998; el que se aprobará, Cañete mediante, a finales de 2013; y éste novísimo, calco del precedente, que estará listo, después de que nos hagan perder el tiempo con reuniones, consultas públicas y otros adornos inútiles, en 2015. Éste es el comienzo, a modo de prólogo, de las alegaciones o sugerencias -da lo mismo, porque para lo mismo sirven-, que ha enviado a la Confederación Hidrográfica del Tajo la Plataforma en defensa de los ríos Tajo y Alberche de Talavera de la Reina.

La Plataforma en defensa de los ríos Tajo y Alberche, de Talavera de la Reina, ha rechazado de plano el borrador del plan de cuenca del Tajo aún no aprobado, a información pública en marzo de 2013. Ya quedó expresado en el documento de alegaciones nuestra negativa a un plan de cuenca que nace viciado, que adolece de criterios técnicos más allá de apuntalar a toda costa el trasvase Tajo-Segura y el mantenimiento sine qua non una gestión retorcida del Tajo que sólo busca el agotamiento del propio río y la mayoría de los afluentes, sin importar en absoluto la recuperación del propio Tajo.

El anterior proceso de planificación de la cuenca del Tajo es ejemplo de lo que nunca debería ser un proceso de planificación, más en un país democrático y –en teoría– tutelado por la Directiva Marco del Agua. Al borrador aparecido en 2011, donde se hacía un análisis concreto y rotundo del Eje del Tajo, pasamos en 2013 a un borrador de Plan “oficial”, completamente amputado y perfectamente amoldado a los intereses que gestionan el Tajo, donde volvemos a utilizar los mimbres del pasado para llegar a una gestión totalmente supeditada tanto a los ficticios “excedentes” de la cabecera del Tajo; como a la sobreexplotación que el Canal de Isabel II somete a buena parte de los ríos del Sistema Central, incapaz aún en el año de 2013 de devolver a los ríos el agua con unos parámetros de calidad aceptables; y cómo no, un documento absolutamente plegado también a los intereses industriales de la gestión del Tajo desde la entrada del embalse de Azután hasta su salida de España por la presa de Cedillo, sin importar un bledo el régimen de caudales en Portugal, atado a una anacrónica regulación por el convenio de Albufeira, tan limitada y con caudales tan escasos para los vecinos portugueses, como condicionada por la explotación hidroeléctrica del tramo inferior del Tajo español.

No ha servido para nada el Esquema de Temas Importantes, rubricado por el Consejo del Agua de la Demarcación del Tajo, con –por ejemplo– unos caudales ecológicos establecidos para Aranjuez, Toledo y Talavera de la Reina que ha desaparecido por completo, sin ningún tipo de explicación, siendo sustituidos por unos eufemísticos caudales “legales” cocinados a mayor gloria y perpetuidad del Tajo-Segura. ¿Y al Tajo? Pues eso, las sobras.

Y, por si fuera poco, nos encontramos, fuera de cualquier proceso de planificación, de información pública, de acceso de los ciudadanos, y de esas tonterías que con el Tajo nunca casan, con un denominado memorándum de entendimiento entre las Comunidades autónomas para repartirse el Tajo, que viene a desguazar definitivamente y a triturar el Plan de cuenca del Tajo. Vamos a ver: ¿Qué chapuza es ésta? ¿Qué respeto tienen a los ciudadanos? El “empotramiento” de dicho memorándum en la ley de Evaluación de Impacto Ambiental define claramente lo que es el Tajo en este país, la cobardía del ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, así como quien controla efectivamente el Tajo, que no son sino los poderes fácticos ligados al trasvase Tajo-Segura. Este memorándum impone la gestión no sólo de la cabecera del Tajo, sino del propio Eje del Tajo, incluso los abastecimientos a la capital del Estado. ¿Cómo es posible que el interés particular de determinados regantes y de sus órbitas económicas, sociales y políticas interesadas, sean capaces de condicionar el futuro de la cuenca hidrográfica del Tajo? ¿Cómo es posible que ustedes desde la Confederación Hidrográfica del Tajo “blanqueen” ese disparate, asientan, callen, admitan y traguen? En estas estamos.

Ustedes han parido un Plan de cuenca del Tajo que nace muerto, porque aquí ha metido mano todo el mundo, especialmente los intereses del trasvase y de la gestión draconiana de los ríos que explota el Canal de Isabel II. Para ustedes, para el Plan de cuenca que aprobarán en unos días, el Tajo es una sobra, un estorbo, una raspa que tirar a la basura, una vez sacada la carne y servida y condimentada al mejor postor. Ése es su río, el que nos ofrecen. A estas alturas nos importa muy poco si ustedes –técnicos y gestores de la Confederación Hidrográfica del Tajo– aceptan, comparten, o acatan en silencio la gestión del Tajo. O si están a gusto sabiendo que desde la Dirección General del Agua o desde la Secretaría de Estado se dicta a rajatabla una política de aguas tan bastarda como anacrónica. Donde manda capitán… ya saben. Allá ustedes repito, si no son capaces de realizar su trabajo como Dios, la Directiva Marco del Agua y la legislación de Aguas española exigen. Allá ustedes repito. Pero lo que les decimos en este punto es que están escribiendo con el Tajo, documento tras documento, anejo tras anejo, una de las historias más negras de la política de Aguas en España. Tan negra, sucia y espesa como la mierda que baja por el Tajo exhausto y anémico.

¿Y ahora qué quieren de nosotros? Repetimos: ¿Y ahora qué quieren, de nuevo de nosotros? ¿Que nos impliquemos en reuniones, procesos de participación, jornadas informativas? ¿Que elaboremos alegaciones rotundas como puños? ¿Que colaboremos? ¿Para que luego hagan con todo eso una perfecta pelota de papel y la tiren a la basura como en el anterior Plan de cuenca? ¿Quieren que colaboremos con ustedes para “lavar” el siguiente Plan de cuenca, para que puedan decir en Bruselas que ha habido “participación pública”, que ha sido un proceso “democrático”, que aquí “no ha pasado nada”? ¿Eso es lo que quieren de nosotros? ¿Quieren que seamos cómplices de un nuevo plan de cuenca tan bastardo como el anterior, con padres en la mitad de los despachos del Ministerio y con más sangre levantina que la lógica en un río castellano y portugués? Se equivocan. Aquí tendrán lo justo, sólo eso. El resto en Bruselas. No vamos a ser desde esta Plataforma cómplices de sus traiciones, silencios, omisiones, renuncias y miedos. No estamos para eso. Han tenido durante seis años nuestra mano tendida. La han despreciado. Allá ustedes hacia dónde están llevando el Tajo. La Historia (ésa que se escribe con mayúsculas) se lo recordará.
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viernes, 15 de noviembre de 2013

Una lápida para el Tajo

La Tribuna de Toledo, 15 noviembre 2013

Se equivoca Emiliano García-Page: el cóctel montado en los últimos meses entre el Ministerio de Cañete y el gobierno de Cospedal, con el aguado Plan de cuenca del Tajo por un lado unido al memorándum del Tajo-Segura, pactado y cerrado a cencerro tapado entre los regantes del trasvase y el ministerio de Cañete –apoyado extrañamente in extremis por el gobierno de Cospedal–, es más que una traición y una vergüenza para Toledo. De rechazarse en el Senado las enmiendas presentadas a la ley de Evaluación de Impacto Ambiental, donde subrepticiamente se ha ejecutado la mayor modificación legal de la historia del trasvase Tajo-Segura, podremos decir que hemos perdido completamente el Tajo.

Castilla-La Mancha siempre ha defendido una posición clara y lógica frente al trasvase Tajo-Segura, no por egoísmo ni porque el río sea nuestro, que ése no es el estilo castellano, sino porque sabemos que no hay excedentes en cabecera, y que el hidrocolonialismo fraguado en el franquismo es incompatible con el desarrollo lógico de un territorio, el nuestro, que necesita sus recursos naturales, entre ellos el Tajo. No son asumibles esquemas de los años sesenta del pasado siglo, en la España del XXI. Hasta ahora la política de Castilla-La Mancha ha sido la de intentar recuperar posiciones respecto al trasvase, y no ceder ni un milímetro más. Pero ahora, esto ha saltado por los aires. Hemos abierto de par en par y sin motivo la puerta del castillo, y los bárbaros saquean a capricho. ¿Por qué?

Las consecuencias del memorándum han sido perfectamente explicadas en dos magníficos informes de la Fundación Nueva Cultura del Agua, que se pueden consultar en su web. Aquí no tengo espacio. Sólo decir que a partir de ahora el Tajo, no sólo la cabecera, se gestionará a capricho de los intereses del Levante; que se abren los mercados del agua de tal manera que –según doctrina del Tribunal Supremo que choca frontalmente con la ley 80 del régimen económico del trasvase, que curiosamente liquida las enmiendas al memorándum– los trasvases y las ventas podrán superar holgadamente los 600 hm3 anuales, de tal manera que se podrá estar trasvasando al máximo, mientras no hay agua –literalmente– en el Tajo en Aranjuez, Toledo o Talavera; y la mínima que pase sean las residuales del Jarama derivada a Finisterre. Y, claro, sin agua paras regar, ni en el Alberche, ni en el Tajo. Un desastre.

La tramitación en el Senado aún no ha terminado. Espero que haya cordura. Esto es muy grave, porque las repercusiones serán para décadas. Aún se está a tiempo de enderezar la situación. Esto es una cuestión de “Estado” donde Castilla-La mancha no debería haber bajado la guardia. Sólo pido altura de miras y pensar en el Tajo y en Castilla-La Mancha. Quizá sea pedir mucho.
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