viernes, 29 de junio de 2012

El barco de Caneiras

La Tribuna de Talavera, 15 junio 2012



El barco no se ve desde la orilla. El Tajo, esta tarde en Caneiras, es una línea lejana, muy fina y profunda entre las barras de arena. Bajo hasta el barro. El embarcadero queda muy lejos del agua, desamparado sin río, sin corriente, sin barcos que puedan llegar hasta él. El Tajo hoy es un deseo, una quimera, un ayer. Lo recuerdo aquí mismo, hace doce años –¡doce!–, llenando todo su cauce, amplio, sin el puente nuevo en Santarém, con el color y olor a bruma y otoño de aquel día lejano. ¿Dónde estarán aquellas aguas? Y la corriente, y la fuerza, y la luz; y aquellos ojos. Arriba las casas de colores de los avieiros relucen más entre los sauces y los fresnos. Los palafitos han visto riadas y tristezas, y el sonido bronco del Tajo cuando se ensancha barruntando el final en el Atlántico. Las casas brillan para espantar penas y pobrezas. La vida.

Los restos del barco reposan entre la arena. Continúan ahí. Un hilo de agua entra desde la madre del Tajo y llega hasta las embarcaciones celestes de los avieiros. Verde, azul, rojo. Pero mi barco sigue ahí, durmiendo para siempre, derrumbado, acunado por los sauces que le recorren las cuadernas comidas y gastadas. Camino hasta la orilla del Tajo. Desde el embarcadero llegan las voces y las risas de verdad de Ángel y Miguel. Una garceta, majestuosa, navega el Tajo a dos palmos del agua. Se detiene y se queda observándome. Entre el cieno miles de náyades muertas, nácar al sol de la tarde, miles de puntos, brillos detenidos para siempre, enfrentados a los brillos vivos, infinitos, del Tajo de más allá de la raya de la orilla. El agua del Tajo es cálida, suave. Aún relampagueante. Los barbos ondean la orilla.

Me acerco al barco. Del naufragio surgen los hierros oxidados. Un cangrejo de mar, muerto, boca arriba; un plato de loza, profundo, posado en la mesa de arena del fondo. Observo cómo el agua sube, muy despacio. No es el Tajo que crece, sino el Atlántico lejano que late, la marea que sube muy lenta, mientras empuja al agua del Tajo hacia arriba, hacia arriba; y va creando árboles de luz con el agua que se desparrama por los surcos de la arena.

Vuelvo a la orilla, a la ribera. El Tajo queda ya lejos otra vez, como un libro leído y guardado para siempre en la memoria. Ángel y Miguel vienen del pueblecito de los avieiros. Pasean y hablan, despacio, como en una calle mayor de un siglo lejano y elegante. Tiempo detenido. El barco no se ve desde la orilla. El Tajo esta tarde es una línea fina, para siempre, más allá de la luz de Caneiras. 
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viernes, 1 de junio de 2012

20 m3/s

La Tribuna de Talavera, 1 junio 2012

Quédese con esta cifra, 20 metros cúbicos por segundo. Es la cifra de caudal MÍNIMO que va a defender la Plataforma en defensa de los ríos Tajo y Alberche de Talavera de la Reina para el Tajo en esta ciudad. Le pido disculpas si últimamente hablo demasiado (más) del agua, de nuestros ríos. Pero es que literalmente vivo en el metro cúbico, en el hectómetro cúbico, estudiando, analizando y preparando el bastimento –que diría el clásico– para lo que nos viene. Divertimentos que tiene uno. Esta cifra, 20 m3/s es fundamental, porque ahora mismo la estrategia del Ministerio de Medio Ambiente (lo que quede de él) burdamente orquestada y mamporreada por Murcia, regantes y demás grupos de presión, es dejar sin nada a Talavera de la Reina, volver a los documentos previos del proceso de planificación de 2007.

El planteamiento “novísimo” del Ministerio es que no haya caudales ecológicos en Talavera, y ni siquiera agua para regar con el Tajo. El Alberche, sobra decirlo, es ya para Madrid. No es nuevo: esta estrategia viene diseñada desde que el PSOE gobernaba, que nadie confunda la pedrada. Resumo: Talavera de la Reina va a dejar de existir. Que se obligue a bombear veneno del Tajo para regar en la vega de Talavera, mientras el Alberche y los embalses de Madrid están al 70%, es el primer trágala. Si nos callamos, pues más, que estos son mansos. La orden transmitida a la superioridad es borrar a Talavera de la Reina del mapa. Esto no es una conjetura mía: es en lo que se está trabajando. Y a marchas forzadas.

¿Qué le queda a Talavera? Talavera de la Reina, nada más. Somos los que tenemos que plantarnos. Primero: no regar este año con el Tajo, no por capricho, ya he dicho que hay agua para aburrir en Madrid y en el Alberche. Segundo: defendiendo los 20 m3/s de caudal MÍNIMO en los meses de verano. Lo que se consiga va a depender de eso. De los cojones y ovarios que le echemos. Así de sencillo. Pedir en esta España racionalidad es mucho. El que no llore no va a mamar. Y en Murcia están llorando mucho y afilando las navajas, que tienen categoría. Talavera de la Reina tendrá lo que pelee. Nadie va a regalarnos nada, ni lo que nos corresponde. Que no nos engañen, que nadie se engañe. Ha llegado el tiempo de la verdad.
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viernes, 25 de mayo de 2012

Es el momento

La Tribuna de Talavera, 25 mayo 2012

Buena y acertada la iniciativa de los empresarios de aglutinarse en torno a una plataforma que busque colocar a Talavera de la Reina donde le corresponde. Nadie nos va a sacar de ésta, salvo nosotros, y los tiempos de llorar por los golpes encajados ya pasaron. Y que nadie piense que las cosas vayan a cambiar de aquí en adelante por nuestra cara bonita, que le hemos caído en gracia a la presidenta de Castilla-La Mancha y que las industrias hacen ya cola como beatas a la puerta del convento. No. Aquí hay que pelear cada milímetro, cada concesión, y muchas veces el enemigo habita dentro.

Porque en Talavera está aún por ver si el Ayuntamiento es un apéndice más de la Junta, atento al ordeno y mando; o es de verdad el Ayuntamiento de Talavera, motor de la ciudad y de la comarca. Lo primero, lo vivido en los últimos y gloriosos años de la Junta, sabemos a qué nos conduce. Está bien eso de ir de la mano de un Ayuntamiento que tire de la ciudad, o mejor dicho, para qué engañarse: ir tirando de su brazo, para que desde el tejido social, empresarial, el que sea, se llegue con más argumentos y peso a los despachos donde, al final, se corta el bacalao. Y, claro está, es infinitamente más atrayente una ciudad beligerante, segura de sus posibilidades, que se ofrece; que otra a verlas venir, macilenta y mohosa.

Es el momento. Talavera de la Reina está en el mejor sitio, ni siquiera 30 años de olvidos por la Junta nos han quitado el carácter emprendedor y dinámico. Hay que aprovecharlo, crear, inventar y exigir lo que nos corresponde. La ciudad debe ir unida, así conseguiremos cosas. Pero claro, ése es el paisaje idílico. La realidad son las cuchilladas al que trabaja, la zancadilla, el insulto, el menosprecio y la lucha por asimilarle al tran-tran de la mediocridad, y en caso contrario, marginarle. Aquí la lealtad y el honor son conceptos desconocidos. Ir de frente, una quimera. No hay categoría.

Por cierto, y ya que estamos levantando el chozo: ya queda menos para que se empiece a bombear veneno del Tajo a los regadíos del Alberche. Veneno. Y lo digo después de dedicar muchas horas a analizar los parámetros químicos y biológicos del líquido que transporta el Tajo entre Castrejón y Talavera. Pese a que están a timbote los embalses de Madrid y del Alberche, aquí se ha decidido desde el Ayuntamiento agachar el lomo y tragar, perfil bajo y a mirar a otro lado. ¿Por qué? No lo sé, pero es la misma medicina que nos metió en el pozo, y a la que al parecer algunos no están dispuestos a renunciar.
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viernes, 18 de mayo de 2012

Vergüenza

La Tribuna de Talavera, 18 mayo 2012

Al final te explicas por qué estamos en el pozo de siempre. Después de analizar, muy despacio, la situación del Alberche, del abastecimiento a Madrid, de la cabecera del Tajo, la conclusión es que el más fuerte se lleva la tajá, mientras el débil se queda a verlas venir. Esto, que ha sido así toda la vida, tiene su máximo exponente con los regadíos del Canal Bajo del Alberche. La industria más floreciente y con más futuro de Talavera, anda con la soga al cuello porque Madrid quiere el Alberche para que este verano naveguen los barquitos en el embalse de San Juan; y claro, que se vaya parte del agua hacia Talavera, de eso nada. Y, mientras, en Murcia nos dicen que ni se nos ocurra tocar el alto Tajo, que es suyo.

Ya veremos de dónde viene el agua para regar, si viene, porque aquí, nuestra clase política anda cogiéndosela con papel de fumar, unos no sea que se enfade la faraona de Fuensalida, y los otros aún arrastrando la traición de Barreda, cuando por el cromo del aeropuerto de Ciudad Real y el trasvase del Tajo al Reino de Don Quijote, puso alfombra de terciopelo para que Barreda regalara el Alberche enterito a Esperanza Aguirre. Sangre es lo que nos falta para defender lo nuestro. Si hicieran a los regantes de Murcia, del Júcar en Valencia, o a los de la Mancha, la cuarta parte de lo que están haciendo a los nuestros, se montaba una de mucho cuidado. Pero aquí no. Una tibia moción conjunta en el Ayuntamiento, y a rezar a la virgen y a los santos para que llueva. No, no y no. Hay 700 hectómetros cúbicos de excedentes en la cabecera del Tajo, suficientes como para que Talavera beba un siglo; hay 245 hm3 en el Alberche, y los regantes sólo necesitan 50. Y Madrid tiene garantizado el abastecimiento para dos años, con más de 670 hm3 almacenados. ¿Y no hay un chorrillo para que se riegue la vega de Talavera? ¿Qué está ocurriendo? Que nos tragamos los lodos de los polvos bastardos de las últimas décadas, que aquí de tan gilipollas que somos ni acertamos a abrir la boca; y que los nuevos, por eso del no molestar, pues tampoco aprietan, que lo del agua es asunto que carga el diablo, y hasta que no venga Rajoy con el santo grial del Plan Hidrológico Nacional, pues nada, a mirar y dejar hacernos. Para luego llorar, postura muy típica talaverana.

Me da vergüenza que entre unos y otros no le echemos lo que hace falta para que haya agua del Alberche para regar. Si no cambiamos vamos a continuar siendo los tontos del pueblo. Nos dan por todos los lados, estamos en el pozo, ¿y nos quejamos? Lo extraño es que aún no vayamos en camello por los wadis en que nos han convertido el Tajo, el Alberche y el Tiétar.
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viernes, 11 de mayo de 2012

Ferias

La Tribuna de Talavera, 11 mayo 2012



Rodrigo Muñoz. Yo creo

Tiempos duros. El calor llega y arrasa las hojas frescas de almeces y plátanos, de un día a otro, sin delicadeza. Y amanecen tiradas en las aceras, mustias y retorcidas, hojarasca antes de haber nacido. No hay término medio, transición. Hoy estás aquí y mañana te nacionalizan. Al final el neoliberalismo que vivimos tiene que ser rescatado por lo que queda del Estado. Hoy estás entre los charcos rojos de la raña, hasta arriba de barro, y mañana el sol calienta y las calandrias se arrebujan bajo los centenos crecidos. Tiempo de contrastes y brumas. Pero vienen las Ferias de Talavera. Y no sé si será el tiempo de la tregua. Pero en una de éstas, esto tiene que cambiar. Ya queda menos para todo, eso es cierto. Sigo confiando en esta ciudad.


Hace unos días una persona que va a empezar a hacer negocios en Talavera me preguntaba que cómo veía la situación de la ciudad. Le dije que se diera una vuelta por las calles, porque el hoy, y el futuro, es lo que se mueve, ese fluido que da la tensión a cada día. No lo vemos, pero el nervio de la ciudad está ahí, al otro lado de los escaparates, en las naves que una y otra vez cambian de negocio, a ver si esta vez es la vencida. Talavera no debe ser más el tópico de la esquina perdida allá junto a Extremadura, o la ciudad de bloques de pisos rojos y destartalados que queda al lado de la autovía.


Son Ferias, y esta noche pregonan los hermanos Cubelos, buena y acertada decisión del Ayuntamiento. Más que representantes de la Talavera más joven y piragüistas de primera, son ejemplos de la Talavera de la Reina que tiene que ser, que sabe crecer y ganar. Me gustaría que hoy tuvieran Tajo para navegar aquí. Lo tendrán dentro de pocos años.


Son Ferias, después de un año muy jodido, de una semana mala. Pero ha salido el sol, calienta con fuerza, vuelan los vencejos y las pelusas de las alamedas perdidas vuelven por San Isidro. Quizá la primavera haya venido para quedarse en esta ciudad. Y esta vez de verdad.


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viernes, 4 de mayo de 2012

Oscuros intereses 2: the revival

La Tribuna de Talavera, 4 mayo 2012

En estos tiempos que vuelan raudos como vencejos, leo la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, libro tan imprescindible como lúcido para entender esta España que padecemos. En él, un capítulo glorioso, el CCX, Diálogo con la Fama, donde el coronista, gastado ya por la vida y amargado por la gloria de los falsos y el olvido de los merecedores, replica retóricamente a la Fama que le pregunta dónde están los conquistadores muertos, dónde sus sepulcros y qué blasones hay sobre ellos que justifiquen su honor y gloria. Responde el conquistador que los sepulcros de aquellos valientes fueron los estómagos de los indios, y sus vientres echados a los tigres, sierpes y halcones. Que allí quedaron sus blasones y aquellos fueron sus sepulcros, todo por la gloria de Su Majestad, de Dios y de Castilla.


Desde hace días se mueve otra vez la especie de los oscuros intereses, de que los portavoces de la Plataforma del Tajo y el Alberche nos meneamos al agua del PSOE. Revival del 2009, pero ahora del otro lado. El PP ha ignorado a la Plataforma casi un año, ahora la desprecia, y lo próximo no sé si será la victoria, pero calcan los pasos del PSOE, el manual al uso. El discurso nuestro no ha cambiado ni un milímetro. Es más: lo podríamos llevar grabado en una cassete reciclada de gasolinera, porque vayamos donde vayamos echamos la misma función, y no adornamos la figura al gusto de la plaza de turno, que la decencia y la responsabilidad hacia lo que representamos, Talavera de la Reina, va por delante, faltaría más. La Plataforma del Tajo y el Alberche y sus portavoces, es un ente incómodo, no al uso. Y eso asusta, al PP y al PSOE, que son los que cortan el bacalao a pachas en esta España desarbolada como galeón saqueado por piratas ingleses. No es por tanto extraño que intenten tumbarnos, porque en el fondo su filosofía es la misma: los importa un bledo el Tajo y el Alberche, y de lo que se trata es hacer caja de votos, y que todo siga igual, podrido, seco, moribundo y con el Alberche en Madrid y el Tajo en Murcia. El resto es joder, molestar, tocar las pelotas u ovarios. Y cuanto antes se neutralice o se aburra a los interfectos que distorsionamos en el paisaje borreguil, mejor.


Algún día el coronista Miguel Méndez ligará los sucesos de estos años de la reconquista del Tajo; y pondrá hitos, fechas, nombres y apellidos a traidores, valientes, cobardes, voceadores y justos. Las medallas y los honores –esto es España– lucirán en bastardos de los que hacen carrera en la Corte. Pero eso no importa, porque el objetivo es otro. Por Su Majestad el Tajo, por Talavera de la Reina, por esta Castilla de primavera.
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viernes, 27 de abril de 2012

La factoría

La Tribuna de Talavera, 28 abril 2012



Viento. La chapa arrancada de la cercha golpea y golpea. Chapa doblada, negra, gastada. Vencida. Arriba, más allá de los desguaces, las nubes corren y corren. Pedazos de blanco, de gris. Luego manchones de azul. A veces sol que entra y saca brillos de oro al polvo sucio y gris que tiene tomado todo como un mal amor. Las máquinas quietas, oxidadas, cansadas. Observo la arquitectura antigua, metálica y cálida. Los vidrios altos tomados por cataratas y aguamarinas. Recuerdo antiguo del arte de las estructuras Warren, Pratt, Howen, Polenceau…, los cálculos en Maestría sobre papel finlandés, los vectores, las descargas, el equilibrio, la elegante anulación de las fuerzas.

Algunos obreros aún esperan. Sólo esperan. Nada se mueve. Sólo el viento, la chapa que golpea, los mirlos emboscados que trepan su aire fino y metálico y huyen por los tragaluces y por las chimeneas de ventilación. Un gato pasa. No queda mucho, sólo el silencio que va llenando el espacio. A veces, con los rayos de sol, entre el polvo fino de oro que sube, pasan sombras de otros tiempos, del bullicio, del andar, de la prisa, del sin fin de la factoría. Toco las máquinas. Frías. Ya no hay sirenas, ni horarios, ni el frío se cuela por las puertas en las madrugadas de invierno, ni el sol de verano derrite la fundición, ni los camiones cargan y descargan. Las chimeneas inmensas no respiran ya. Todo es de ayer, de ese ayer lejano que se lee en la cara de los últimos obreros. Los últimos.

Los gigantes esperan, atalayan la distancia en su paisaje artificial, inmensos, guardianes del tiempo. Esperan. Vencejos altos, viento que avanza y seca hasta el alma, que se cuela por cada resquicio de la mente. Observo por última vez los perfiles, las cañas de U, los IPN, toco las soldaduras de las pletinas. Perfectos los últimos destellos de minio refulgiendo a la luz.

Salgo. Polvo en los ojos. Luz. Y respiro. Y me quedo un rato contemplando a los abejarucos, posados sobre su viento, irreales de brillo y resplandor.  
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