Para el Tajo cualquier tiempo pasado fue mejor. En la fotografía de arriba se compara la confluencia del Jarama con el Tajo, a la izquierda en el año 1946, y a la derecha en 2007. 60 años después ya no es el Jarama el afluente, sino que es el Tajo el que acude estrecho y sin fuerza al hermano mayor, el Jarama, negro y dueño del territorio. Antes el Tajo definía la línea, el curso; ahora es el Jarama el que culebrea decidido mientras el Tajo entra estrecho, perpendicular, de manera artificial, como un afluente minúsculo cualquiera. Pero arriba queda todo el alto Tajo, el Sistema Ibérico, la Serranía de Cuenca, las parameras, las alcarrias, el Guadiela, los embalses de Entrepeñas y Buendía. Y el trasvase Tajo-Segura. Sobre todo el trasvase Tajo-Segura que ya se ha llevado hasta el nombre al río. El Tajo llega al Jarama con un último aliento de vida, un mínimo fluir, como recuerdo de lo que fue. En unos años podremos sumar la fotografía de 2015, de 2025. Puede que entonces nos preguntemos, igual que ahora cuando vemos las fotografías de los Ojos del Guadiana, si de verdad existió el Tajo, ese río que, dicen los libros, bajaba hasta Aranjuez cubierto de troncos de pinos, con olor a sierra y aguas esmeraldas frías y transparentes.
La mancha de la mora
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“Hay novelas que se tienen de pie, como los hombres”, afirma el narrador
de *La mancha de la mora*, la última obra narrativa de José Antonio Ramírez
L...
Hace 19 horas
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