sábado, 21 de enero de 2017

Talavera, fuera de C-LM también en FITUR

La Tribuna de Toledo, 20 enero 2017

El "puesto" de Talavera en FITUR, donde los extintores y la salida de emergencia. En el patio de atrás de casi todo.

Pues eso. Si usted se da un paseo por el pabellón 7 de FITUR, se encontrará con un resplandeciente pabellón de Castilla-La Mancha. Entre expositores, pantallas, ovejas esquemáticas y mucho cartón piedra, se venden los más reconocibles tópicos de este territorio tan inexacto como centrípeto. Pero si busca a Talavera no la encontrará. Estamos fuera. Justo detrás, entre los puestos de revistas y asuntos menores, junto a los extintores y a la puerta de salida de emergencia, en un pasillo secundario. O terciario. 

Talavera de la Reina queda en FITUR más allá del patio de atrás de Castilla-La Mancha. Como una metáfora de la realidad que nos lleva, el brillo, resplandor, moqueta y demás artificios del poder de Junta y Diputación dejan fuera a Talavera que se las apaña esquinada y trasconejada, como aborrecida y apartada. No nos amparan en este caso las consabidas y geográficas cercanías a Extremadura o Castilla y León, que sólo nos consuelan las traseras del pabellón de las Baleares.

Talavera de la Reina y sus tierras llevan demasiado tiempo en el callejón de atrás de Castilla-La Mancha. Ninguna tierra es mejor o peor que otra, toda tiene su belleza y créame cuando le digo que conozco Castilla-La Mancha, y que tenemos algunos de los lugares más salvajes, perfectos y sorprendentes que conozco. No comparo, sólo digo que la Tierra de Talavera, con mayúsculas, mi tierra, no desmerece al resto de la región. Que tenemos en la ciudad patrimonio para aburrir, eso sí, penosamente gestionado. Que tenemos espacios naturales para contar a estas alturas con al menos un par de parques nacionales y tres regionales. No exagero. Que tenemos aquí al lado al mejor humedal de Castilla-La Mancha, que no es poco: el embalse de Azután. Y que contamos entre el Tajo y el Guadiana, entre el Horcajo y los perdederos de Guadalupe, con toda la riqueza que pueda tener cualquier renombrado, visitado y reconocido territorio patrio o extranjero. ¿Cómo nos vamos a vender? ¿Cómo vamos a mostrar lo que tenemos? ¿Cómo vamos a aprovechar nuestros recursos para salir del agujero? Pues eso.

Al final los hechos van configurando una realidad, amasando el barro del cántaro que cualquier día se acabará rompiendo de tanto llevarlo a la fuente. Porque uno no está donde no le quieren, y no le quieren -ni le conocen- donde no está. Pues eso: si va a pasar el rato a FITUR no busque a Talavera de la Reina donde la Junta de Castilla-La Mancha. Váyase detrás, al inframundo de los minipuestos de la feria, y allí, tras la frontera de moqueta y abandono, en su destierro le esperan Talavera y su Tierra. Lo mismo que si va a Castilla-La Mancha, la política: no la busque dentro, sino en ese territorio fronterizo incierto donde navega desde hace décadas, al pairo y dejada de la mano de todos.
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viernes, 13 de enero de 2017

Des-nudos logísticos

La Tribuna de Toledo, 13 enero 2017

A veces, cuando me embosco -un decir- para observar las avutardas, gangas, ortegas y demás avechuchos que campean por los secarrales del mediodía de la provincia toledana, observo cómo llega renqueante, cansado, lento como un lunes, el tren que discurre por la línea férrea Madrid-Cáceres-Lisboa. Un trazado antiguo, comido por los olivos y almendros, taladrado por vivares de conejos inmisericordes, que hacen que en muchos tramos la velocidad no vaya más allá de los treinta o cuarenta kilómetros por hora.

Es el tren que llega a Talavera, y que luego sigue a hasta los confines de la Lusitania (Oropesa, Navalmoral, Cáceres, Mérida, Badajoz, Lisboa...). Un tren internacional, un ferrocarril en absoluta decandecia, más que decadente. Algunas veces busco el azul metálico de las últimas carracas -pájaro de soledades- en los palos de la luz de las estaciones/apeaderos derrumbados, o el vuelo de algún cernícalo primilla bajo las tejas aún sobrevivientes en alguna caseta. Son estaciones desvencijadas y desahuciadas, como las que aparecen en las películas de Sergio Leone, en las que siempre se baja algún forastero para ajustar la última cuenta pendiente.

Talavera de la Reina, con “vía convencional no electrificada de ancho ibérico”, se encuentra a la cola del sistema ferroviario español. Pretender con estos mimbres que en tres años vamos a tener un nodo logístico con trenes descargando mercancías y tal, es poco menos que ser unos ilusos. El pasotismo del Ministerio de Fomento, para el que sólo hay ojos para invertir -lentamente- en esta línea en Extremadura, para un AVE-Alta prestaciones o lo que sea, ya aburre; que desde hace mucho tiempo el abandono de los diferentes gobiernos centrales es algo más que un agravio para esta línea, simplemente la constatación del olvido y la marginación a la que se somete a esas extremaduras que quedan más allá de Móstoles.

A los portugueses del puerto de Sines les interesa Talavera como puerta de entrada a Madrid. Pero tanto el Estado como la propia Junta de Castilla-La Mancha hace años que apostaron por otros ejes. El problema es que los ojos -y las cuentas- de quienes no se mueven por el desprecio y el abandono a nuestra tierra, están con el profesor Jiménez de Gregorio, con eso de que la geografía manda y la historia obedece. Hasta ahora, porque el camino de Lisboa a Madrid y viceversa va por el Tajo, por su valle. Pero, igual que el Lusitania Express ya se desvía por Ávila y Salamanca, puede que el olvido y ninguneo, el mirar hacia otro lado y el planificar olvidando a Talavera, hagan que el camino desde el Atlántico a la capital de España ahora deba desviarse por el Duero o por el Guadiana, tal como tozudamente establecen los mapas de transporte europeos, diseñados y propuestos no lo olvidemos conjuntamente por los gobiernos autonómico y nacional.

Que Talavera tenga o no nodo logístico, o simplemente un tren que haya salido del siglo XIX, es una mera decisión política. De Madrid, pero también de Toledo. Tiene delito que vengan de Portugal a colocar a Talavera en un mapa, mientras aquí seguimos con excusas y lamentos, tanto de un Ministerio de Fomento que sólo se hace fotos firmando protocolos, pero incapaz de poner ni un euro en presupuestos; como de un gobierno regional -ahora de Page antes de Cospedal, Barreda, Bono...), que sigue considerando a Talavera de la Reina una extraña, incapaz de encajarla con su peso y realidad en el entramado regional y nacional.

La prueba del algodón de la serpiente del nodo logístico serán los próximos presupuestos del Estado, donde debe aparecer una cifra seria para el tramo Pantoja-Navalmoral de la Mata. Electrificación y doble vía. El resto cuentos, y de esos ya llevamos unos cuantos. Si seguimos en las mismas, nos podemos olvidar. Los de Portugal tienen muchas novias, no van a esperar. Aquí nos toman el pelo una y otra vez con firmas de protocolos de estudios previos informativos, y esas milongas que tanto nos sabemos en Talavera. Otros no se explican cómo seguimos en el inframundo. Y quieren hechos. Queremos hechos, de una vez por todas.
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viernes, 30 de diciembre de 2016

Fascismos

La Tribuna de Toledo, 30 diciembre 2016

El fascismo es violencia. Pero también es silencio. El fascismo es la coacción, el miedo, la pistola, el puñetazo, la amenaza, la provocación, el insulto, la prepotencia y la patada. Pero también lo es mirar a otro lado, la cobardía, amparar y justificar una agresión, disculpar. No condenar.

El silencio de los supuestos corderos demasiadas veces se convierte en la mano de los delatores que señalan, los cómplices y los colaboracionistas, por activa y por pasiva. He leído lo suficiente como para estar convencido de que cualquier violencia es la negación de la libertad, y que cuanto más grandes son los silencios, la amnesia individual o colectiva, más enferma se encuentra una sociedad.

Decidí trabajar desde la política para mi ciudad una mañana sentado en una piedra caballera, en un oteadero de Gredos, mientras los melojos goteaban la luvia y la niebla de la madrugada. Tenía a mi lado a mi amigo Miguel Méndez. Lo había meditado durante tiempo y lo tenía claro. Lo sigo teniendo claro. Voy a seguir trabajando por lo que creo y por lo que quiero. Amenazas, insultos, difamaciones, agresiones... No lo van a conseguir. Creo y veo otra ciudad, otra Talavera, otro futuro. Y aviso: voy a seguir abriendo expedientes. Voy a continuar pidiendo que se creen comisiones. Y voy a seguir trabajando junto con la gente que tengo al lado por toda la gente de Talavera y su tierra. Lo juré cuando tomé posesión de mi cargo. Y lo cumpliré.

Los tiempos de los caciques, de los niñatos hijos de papá, de los derechos de pernada se han acabado, aunque aún crean que campan a sus anchas por esta Talavera de nuestros desastres. El pozo que nos consume es en gran parte culpa nuestra por no saber tomar las riendas de nuestro porvenir, y dejar que intereses muy particulares hayan definido el rumbo de la ciudad. Toledo no es el problema más grave. El problema real es el espejo en el que nos miramos. Y hay que romperlo de una vez por todas.

No admito que se me veje, insulte y agreda por ser concejal de mi ciudad y trabajar por ella. Un pedazo importante de mi vida está en las páginas de este periódico, La Tribuna, donde vengo escribiendo cada semana desde hace cerca de veinte años. Y por ello quiero agradecer desde aquí de corazón a las miles de personas que me han dado su apoyo, su cariño y su mirada cómplice durante esta semana. Y también a la Prensa, con mayúsculas, porque sin ella sólo somos marionetas en manos de esos intereses particulares, bastardos la mayoría de las ocasiones, y muy particulares. Y a los veintidós compañeros de corporación que desde el primer momento me han transmitido con sinceridad su preocupación y aliento.

Repito: voy a seguir, pese a quien pese. Y voy a continuar trabajando por Talavera. Somos el surco que vamos dejando, como las estelas en la mar machadianas. Como el rastro perfecto de las águilas en el cielo de las rañas jareñas.
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viernes, 16 de diciembre de 2016

Las piedras de trueno

La Tribuna de Toledo, 16 diciembre 2016


«La última tormenta había movido las retamas del techo de la choza y el agua chorreaba por el hombro de la parturienta. Estaba sola desde hacía dos días». Así principia Las piedras de trueno, el último libro de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes, médico, escritor, estudioso, y la persona que más conoce y que más ha trabajado por esta tierra que con epicentro en Talavera de la Reina, se expande entre Gredos y el Guadiana de norte a sur; y desde la frontera de la Lusitania al este hacia la raya confusa del oeste suavizada de encinas y vientos atlánticos, de dehesas que caen al Tiétar y al Tajo. Miguel Méndez conoce, muestra y enseña. Bukowski escribió eso de que un intelectual es el que complica una cosa sencilla, y un artista es el que hace fácil lo complejo. O algo así. Miguel tiene la capacidad innata de analizar y traducir lo que le echen, con la pasión de quien ama su tierra y, sobre todo a su gente. Miguel es un artista, intelectual/hombre del Renacimiento, que sabe porque tiene muy claro que en el vino machadiano de las tabernas reside la sabiduría, y sobre todo el conocimiento de tu tiempo.

"Miguel es un artista, intelectual/hombre del Renacimiento, que sabe porque tiene muy claro que en el vino machadiano de las tabernas reside la sabiduría, y sobre todo el conocimiento de tu tiempo."

Las piedras de trueno es su nueva novela. Ambientada en el tumultuoso siglo XV castellano, Méndez traza un fresco de dos vidas paralelas, que se van entremezclando e impregnándose de la personalidad de su época. Álvaro de Luna y Juan de Guadalupe, el poder y la necesidad, y siempre la fuerza de la vida, que trepa y crece, que resiste pese a todas las penurias y trampales de la vida, como un acebuche cobijado en una cuarcita en una risquera

Miguel ha pateado los caminos. Probablemente todos, y se ha manchado las botas con el barro espeso de las rañas de la Jara, con la hierba fresca de las cañadas, y ha trepado a todos los riscos y recorrido los valles. Lee los paisajes con la agilidad de un águila. Y es un hombre siempre de cercanías. Eso le permite delinear personajes reales. No hay artificio. Miguel quiere a su tierra, y a las gentes sencillas que han levantado con cada uno de sus oficios y penas, día a día, generación a generación, las piedras más discretas pero nobles de la Historia.

Es difícil -antes y ahora- encontrar hombres libres. Como los ríos limpios y sin domesticar, los hombres dueños de su destino son cada día más difíciles de encontrar. Miguel Méndez-Cabeza es un hombre libre, algo que escasea, que se va extinguiendo, en estos tiempos que cruzamos más dados a medianías y a simplezas.


"Miguel Méndez-Cabeza es un hombre libre, algo que escasea, que se va extinguiendo, en estos tiempos que cruzamos más dados a medianías y a simplezas."

He disfrutado mucho leyendo Las piedras de trueno. Tanto como recorriendo las viejas tierras de Talavera con Miguel. Hemos peleado durante años por dar a conocer la situación del Tajo, por rescatarlo de los fuerzas oscuras que lo mantienen secuestrado. Y ha sido, es, un privilegio. Con Miguel los paisajes y el tiempo cobran relieve, hablan y reviven como si la capas de la historia se desplegaran ante ti. Ahí tienen su nuevo libro. Un regalo y un lujo para todos los que amamos nuestra tierra.
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viernes, 9 de diciembre de 2016

Necesito tus besos

La Tribuna de Toledo, 9 diciembre 2016


“Necesito tus besos”, escrito en azulmorado, de hace tiempo, letras firmes, seguras, cayendo un poco hacia la derecha, y con un corazón punteando y levantando el vuelo de la i. Debajo los perfiles garabateados de dos ojos tristes, una boca vencida y una lágrima que escapa hacia el oeste como el atardecer de esta tarde fría de diciembre. Las hojas llenan el suelo del vacío del otoño, despedidas que el viento arracima en los muros de ladrillo. El Tajo parece que se mueve con el viento del este, pero es un espejismo. Las fochas y los patos patrullan como grupos de destructores en su Pacífico encalmado, a la conquista de sus novísimas islas de cieno y sueños de ovas, donde atracar y pasar la noche eterna de diciembre. Baja el garcerío, y el negro ceniza de grajilas y estorninos. El sol surfea sus últimos sobre nubes altas y estelas de aviones como cicatrices. Entonces me ajusto la bufanda y cierro un poco más la chaqueta.

Camino por la orilla, el paseo bajo, sucumben henchidas de amarillos las últimas hojas de la higuera salvaje. Aguanta el sauce. Se transparentan tarajes y sauces, amarillos y verdes resistentes, casi perennes como un invierno de febrero. Las parejas de enamorados se hacen fotos de atardecer y tras las gafas de colores el cielo se vuelve cálido, gafas de espejismos que encalan la realidad. La tarde suena a Tom Waits en los auriculares, cantando a otra tardenoche en un pub, cervezas y la miradas encontradas y devueltas con aquella chica al otro lado de la barra: “I hope that I don't fall in love with you”.

Espero a que el sol desaparezca, apoyado sobre la barandilla de fundición, ya fría, destemplada, presintiendo la noche y la niebla que se están creando en algún lugar inalcanzable. Debajo otra pintada, azul remarcado, trazo rápido al principio, lento y espeso al final: “Mi sonrisa siempre llevará escondido su nombre”. Es tarde. Aún no alumbran las farolas. Vuelvo hacia el coche. De lejos veo que me he vuelto a dejar las luces encendidas. Da igual. Espero un poco a que la luna creciente trepe sobre las islas y las cuerdas de acero del puente. Waits sigue cantando, la chica se cansó de esperar pero él ya se había enamorado: “And I think that I just fell in love with you”. Tarde, imbécil, pide otra cerveza, aunque sea hora de cerrar. Al lado, justo detrás, el azulmorado de las letras brilla como un neón. Letras que hablan. No les hacen falta energía, electricidad. El tiempo poco a poco las irá gastando, sin sentir y sin querer, día a día, invierno a invierno. Pero aún no: “Necesito tus besos”.

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jueves, 8 de diciembre de 2016

Gasolineras a todo gas

La Tribuna de Toledo, 18 noviembre 2016

A Talavera de la Reina le ha llegado la fiebre de las gasolineras. En los últimos meses varios expedientes rondan las dependencias municipales, he incluso se han concedido licencia para alguna de ellas. La más controvertida ha sido sin duda la proyectada y autorizada por el equipo de gobierno del Partido Popular junto/lindera/pegada, al colegio público Pablo Iglesias, y a pocos metros de un centro de culto. Licencia suspendida "cautelarmente" ayer por decreto del alcalde, que de momento viene a poner algo de sentido común y gobierno a la situación creada.

Es difícil entender cómo en pleno siglo XXI, en una ciudad europea, se puede plantear poner una gasolinera pegada a un colegio, en una parcela sobrante de aprovechamiento de poco más de 150 metros cuadrados. Quizá todo sea más sencillo o evidente si esa ciudad se llama Talavera de la Reina, una ciudad donde el urbanismo jamás ha sido concepto ciudadano, sino de los intereses particulares muy concretos de determinados sectores económicos.

El Plan de Ordenación Municipal, heredero a comienzos de esta década del más lógico e inacabado Plan General de Ordenación Urbana de la década de los noventa, vino a delinear una ciudad imposible, con la práctica totalidad del término municipal puesto a los pies de los caballos especuladores de suelo. Eran otros tiempos, como en tantos otros sitios, y el urbanismo depredador campó a sus anchas, como en gran parte del país. Un urbanismo hecho para el interés económico y nunca, jamás, asumiendo la ciudad, al ciudadano, como elemento vertebrador y clave del asunto.

Ese POM, que ya nació muerto tanto por su anacronismo como por su inadptación contextual al tejido urbano existente y al paisajístico-territorial, nos facilita, junto con el desguace legislativo y normativo liberalizador y permisivo de los últimos años, tanto de los gobiernos autonómicos y central del -también-Partido Popular, la posibilidad de que nos vayan surgiendo gasolineras en pleno casco urbano consolidado, en zonas densamente habitadas, e incluso linderas con colegios. O, en zonas de expansión -residencial- de la ciudad, lo que explícitamente devalúa su potencial.

Gasolineras a todo gas, en una ciudad mediana, con este servicio ampliamente resuelto. No todo vale,y menos anteponer el interés particular (muy particular) frente al interés general. El urbanismo de Talavera es un urbanismo modelado en el último siglo por el interés muy particular, donde todo ha valido, y el propio casco histórico, los arrabales y los sucesivos ensanches dan cuenta de ello con volúmenes inasumibles y discordantes, junto con densidades más que excesivas. Modificar el Plan de Ordenación Municipal es fundamental, pero lo es más que de una vez por todas sea dictado por y para la ciudad y los ciudadanos. Para todos. Un ejercicio de voluntad, pero también de madurez política para que ya de verdad la ciudad sea ciudad, no negocio de unos pocos.
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viernes, 11 de noviembre de 2016

Grullas de noviembre

La Tribuna de Toledo, 11 noviembre 2016


De anochecida pasan las grullas. Luna creciente partida en dos sobre el Tajo. El agua se extiende como un cielo de escamas de carpa, espejuelo detenido para siempre entre las azudas de la Morana y el Paredón de los Frailes. Altas, pasan las grullas en un bando pequeño, cansado, brujuleando las dehesas que ya se huelen más allá de la raya del Tajo.

No trompetean. Pasan en silencio, como no queriendo molestar, como si quisieran llegar discretas y sorprendieran la cicatriz del Tajo, las luces de la ciudad, y no quisieran que nadie se fijase en ellas. Como si desearan solo ser parte del paisaje, del cielo, de los luceros que ya apuntan altos para apuntalar la noche fría de noviembre.

Al Tajo de Talavera le caen esta noche oleadas de garzas, como nubes blancas, discretas, que vienen a encalar de blanco las saucedas y los espadañales. Los ánades puntean el agua de plomo, y las grajillas se bañan en las islas someras de ovas y algas. Y luego, con algarabía de vida, se van a su álamo negro, a escurrir las últimas gotas de su plumaje negro, a arremolinarse en su dormidero, atalaya de amarillos que se desangran en el Tajo. Cruzan los somormujos, las fochas y zampullines, diminutos como bolas de plumas. La noche va cayendo y escucho en silencio cada uno de los cantos de la ribera, el ruiseñor bastardo despistado, el carricero de paso, los petirrojos que ya se emboscan esperando y deseando el invierno.

En las noches de noviembre Talavera huele a leña, a leña de encina que se quema en las estufas, y que va llenando de un olor dulce y suave las calles vacías, mientras va impregnando la humedad y la niebla que suben desde el Tajo. En las noches de noviembre dejo abierta la ventana de mi habitación para oír la lluvia, el silencio profundo que precede al invierno; y para escuchar de madrugada, cuando pasan altos y lejanos, los ánsares del norte. Y para despertarme, entre sueños, con las grullas de la madrugada. Grullas de noviembre que llegan acunadas por la niebla y la luna creciente, como un río de tiempo, quizá ya como uno de los últimos relojes que marcan una vida que sólo existe alta en el cielo, o profunda y sumergida en la corriente del Tajo. Grullas de noviembre como el latido definitivo.
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