viernes, 3 de marzo de 2017

Trampantojos políticos

La Tribuna de Toledo, 3 marzo 2017


[...] una forma de comportamiento político marcada por la obsesiva preocupación por el declinar, humillación o victimismo de la comunidad, así como por cultos compensatorios de unidad, energía y pureza, en los que un partido de masas o un conjunto de militantes nacionalistas comprometidos, trabajando en difícil pero efectiva colaboración con las élites tradicionales, abandona las libertades democráticas y persigue, con redentora violencia y sin restricciones éticas o legales, metas de limpieza interna y expansión externa. 

Robert Paxton. Anatomía del fascismo


[...] el fascismo sostiene que hay algo sobre los partidos y sobre las clases, algo de naturaleza permanente, trascendente, suprema: la unidad histórica llamada Patria. La Patria, que no es meramente el territorio donde se despedazan aunque sólo sea con las armas de la injuria varios partidos rivales ganosos todos del Poder. Ni el campo indiferente en que se desarrolla la eterna pugna entre la burguesía, que trata de explotar a un proletariado, y un proletariado, que trata de tiranizar a una burguesía. Sino la unidad entrañable de todos al servicio de una misión histórica, de un supremo destino común, que asigna a cada cual su tarea, sus derechos y sus sacrificios.

José Antonio Primo de Rivera. ABC. 22 Marzo 1933

El negocio/asunto de la representación política democrática funciona más o menos así: cada cuatro años los ciudadanos se organizan en partidos políticos, agrupaciones de electores o las figuras que la legislación permita para el caso, y se presentan a los votantes con unos programas donde queda expuesta su filosofía, actitudes, bagajes y aspiraciones. La gente (la misma que paga impuestos y ejerce su ciudadanía como mejor le apetece) acude a las urnas y mete una papeleta en un sobre. Se cuentan votos y por un sistema proporcional, se llenan distintas cámaras nacionales, regionales y locales. Sencillo. Se puede estar más o menos de acuerdo con las reglas del juego, pero es un juego que nos gusta, porque en el anterior no había urnas, sino un general que ganó una guerra civil contra el poder legalmente establecido y se saltó a la torera eso de la democracia, el valor de un voto, los partidos políticos… esas tonterías al uso.

En Talavera de la Reina, faltaría más, hubo unas elecciones. Distintos partidos, candidatos y programas electorales. Hubo para elegir. Incluso hubo partidos políticos que decidieron no presentarse, apartar sus siglas. Es lícito y es una de las reglas del juego. Los resultados fueron claros: ganó el Partido Popular con once concejales, seguido del Partido Socialista Obrero Español con ocho, Ganemos Talavera con cuatro y finalmente Ciudadanos con dos. 25 concejales para representar a las más de ochenta mil almas de nuestra ciudad. El resultado pudo gustar, o no, pero es fruto del deseo de quienes votaron, de quienes no lo hicieron, y de quienes decidieron no presentarse dejando huecos y debilitando/reforzando otras opciones. Pasados cerca de dos años desde mayo de 2015, la situación en el Ayuntamiento de Talavera es clara, con una navegación más que tranquila del equipo de gobierno del PP, con su socio Ciudadanos cada día más mimetizado, que ya sólo espera una pequeña señal del alto mando de Albert Rivera para diluirse definitivamente en el PP y gestionar alguna delegación de gobierno. Te puede gustar o no, pero es lo que ha querido la gente. En cada ciudad la casuística es distinta. Aquí la que tenemos. ¿La que merecemos? No lo sé.

El asunto/negocio político es sencillo. Una lista, que te voten, y a gobernar; o a hacer oposición. O a ni siquiera estar. El problema surge cuando ni te presentas a las elecciones, no quieres a los “políticos” que están ahí porque son una panda de matados, y vas y te organizas un chiringuito/asociación y quieres que los que representan a los ciudadanos, te representen a ti. El juego no va así. Hay quienes sí se apuntan al carro, van por libre, y se creen que los votan por su cara bonita. Pero suele acabar mal. Otra opción, más enrevesada, es crearte el típico movimiento/antídoto, que protege a quien manda, porque al fin y al cabo para el caso todos los políticos son iguales y todos tienen la misma responsabilidad. Pero tampoco, porque en este caso las reglas del juego también son claras: quien gobierna lidera, da la cara, trae resultados y rinde cuentas. Si no lo hace dimite y se va. O se rompen las alianzas de gobierno que facultan una acción de gobierno endeble y fallida. Y se crean otras. Es el juego democrático.

A mí otros juegos no me gustan. Que la situación de Talavera es complicada nadie lo niega. El error es confiar una y otra vez en fórmulas ensayadas y fallidas, y que nos han llevado al pozo. Pero es lo que hasta ahora han/hemos querido mayoritariamente los ciudadanos. Otra solución es continuar ahondando en el populismo, la demagogia y la aireada y manoseada incapacidad de todos los que ostentan algún cargo representativo público. Los polvos y los lodos, el dejar hacer, tragar una y otra vez con las mismas promesas, desplantes y marginaciones han puesto a Talavera de la Reina en una situación complicada. Hay responsables. Pero son responsables ante los ciudadanos. No ante quienes se erigen como fedatarios y redentores. Quien quiera cambiar las reglas del juego que lo intente. Conmigo, faltaría más, que no cuente. Y éste es el resto.