domingo, 28 de febrero de 2010

SILUETAS


Día limpio de febrero. Nubes al suroeste, sobre la sierra de Guadalupe, saltando el pasillo de la Jara y emboscándose en los montes del Guadiana. Nieve en Gredos, alta, más allá de los 1.500 metros. El agua baja limpia y rápida por la garganta Arbillas. El sol brilla en las gotas escurridas por el granito. Una lavandera cascadeña baja a la piedra brillante y camina sobre el agua somera.

Abajo, en las dehesas, algunas nubes han comenzado a llegar. Aún pocas, blancas y aisladas, poden distancia al cielo y a las siluetas. El Tiétar corre ancho en la máquina de Monteagudo. Carpas y barbos se refugian entre las raíces de los fresnos. La corriente es fuerte, el agua no baja limpia, sino revuelta. Una golondrina común baja hasta el río; luego otra. Un zarcero baja a la orilla, y se vuelve rápido a su escondite. Hace medio año caminaba por el lecho seco de piedras del Tiétar; ahora el río baja ancho, sin acordarse de aquello, sólo los sauces muertos esta primavera mostrarán la huella del último verano.


Sobre Valdecasillas vuelan unos doscientos buitres. Un milano real sobre el Guadyerbas, sobre la casa en ruinas en la solana. Gaviotas sombrías sobre las charcas del río, entre garzas reales y cormoranes. Garcetas en las lagunas. Grullas en la dehesa que se levantan en cuanto me acerco, nerviosas. Vacas recién paridas con sus chotos bajo las encinas. En el cielo se van reuniendo las grullas en bandos grandes, ciclean y ponen rumbo Este. Nubes más espesas, empujadas por el viento del suroeste, que van acudiendo y avanzando con prisa, hasta que Gredos las detiene sobre el valle. Las cumbres van careando las nubes cerrando su paso al norte. Dos cigüeñas negras cruzan desde la cuerda de Calabazas. Una baja hacia el Tiétar y la otra se queda junto al río, sobrevolando, por debajo de las grullas. El musgo tapiza el granito con un verde de agua. Ombligos de Venus inmensos en las hendiduras; ruscos verdes y apretados en las umbrías. Mitos de rama en rama por la espesura.

Pasan los buitres desde Valdecasillas. Van al sur. Casi todos negros. Un pinzón se para junto a mí. El Guadyerbas baja fuerte, algunas carpas muertas en la orilla. El puente medieval resiste otro invierno más, encajado entre el granito. Cualquier día abrirán demasiado a destiempo las compuertas de la presa y el agua se lo llevará por delante. Muchas encinas muertas por la seca. Sólo queda el musgo colgando de las ramas muertas. El agua baja cantarina, limpia, con ganas. Una pareja de ratoneros en celo marca su territorio sobre el antiguo camino. Como todas las primaveras. Arriba las grullas se reúnen, por cientos sobre Bucher. El cielo ya es blanco, las nubes lo han llenado todo. Viento fuerte del oeste. Esta noche volverá a llover.

Cuaderno de Campo. 20 febrero 2010

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